El impacto de la COVID-19 en el turismo mundial: El escenario de Cuba

Cuba encara el reto inmenso de contener la pandemia e impedir su expansión como primer elemento de su estrategia de salud, y parejo a ello continuar con el funcionamiento de actividades vitales de la economía que permitan la sostenibilidad de la nación.

CAPAC- Por José Valentín Rodríguez Pérez/ Tomado de Cubahora/ Foto: EFE.

La propagación de la pandemia de la COVID-19 ha sumido a la humanidad en una angustiosa tragedia. La pérdida de vidas humanas, el colapso de muchos sistemas sanitarios, la ansiedad de la gente por lo que vendrá, la incertidumbre sobre la erradicación a corto plazo de esta trasmisión y, acto seguido, el impacto en la economía.

Caída abrupta de la producción y el empleo, disminución de la oferta —en ocasiones, de bienes esenciales— y rápida transmisión del efecto por la creciente demanda, ruptura de cadenas globales de producción y distribución, entre otros elementos, se muestran como resultados de una crisis que ha llegado a la totalidad de los países.

Las cifras para cerrar este 2020 revelan una debacle económica mundial. Naciones Unidas ha estimado un ajuste en el ya modesto crecimiento del producto global previsto y ha sugerido que ocurrirá una contracción de casi un 1%, e incluso más, de prolongarse indefinidamente y sin estrategia visible las condiciones de confinamiento.

La Organización Mundial de Comercio ya predice una disminución del comercio mundial de bienes con escenarios que se mueven entre 13 % y 32 %, y augura una disminución en los servicios a partir de las limitaciones de viajes y transporte.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, pronostica inicialmente casi 25 millones de desempleados como resultado de la epidemia. Mientras, reportes de distintas ONG sugieren que 500 millones de personas podrían caer en la pobreza, entre ellas la amenaza de cerca de 120 millones de trabajadores del sector del turismo.

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) ha publicado en un reciente análisis que las aerolíneas pueden perder alrededor 55 000 millones de euros en sus reservas hasta el 30 de junio de 2020. Esta situación se debe principalmente a la abrupta caída de la demanda.

Es en este adverso escenario que el movimiento turístico ha sufrido un duro golpe.

Consultada la edición de abril del Barómetro OMT de la Organización Mundial del Turismo se advierte que “el turismo internacional podría caer de entre un 60 a un 80 por ciento en 2020 como consecuencia de la pandemia del coronavirus SARS-CoV2, que causa la enfermedad covid-19, la peor crisis a la que se ha enfrentado este sector desde que comenzaran los registros hace setenta años”.

Según reseña el propio análisis de la OMT, la disminución de los viajes en el primer trimestre fue de un 22 %, que significa unos 67 millones menos de turistas internacionales, lo que se traduce en 80 000 millones de USD en pérdidas por este concepto.

Llegadas de turistas internacionales, 2019 y primer trimestre de 2020 (% de variación). (Gráfico: OMT)

Frente a pronósticos y variables sobre una posible recuperación de la industria turística mundial, resulta muy difícil acercarlos a la realidad pues el mundo se encuentra en estado de conmoción tras el tremendo impacto psicológico y sociológico del confinamiento, factores claves para predecir posibles escenarios futuros en el turismo. Sin embargo, las predicciones de la OMT y de la prestigiosa Empresa Global Journey Consulting valoran diferentes escenarios basados en algoritmos de probabilidades, que lo sitúan en el corto plazo, con signos de recuperación en el último trimestre de 2020, pero sobre todo en 2021.

Tomando como punto de partida crisis anteriores, los viajes de ocio, especialmente para visitar a amigos y familiares, podrían recuperarse más deprisa que los viajes de negocios. Es en esta línea que la mayor objetividad apunta a que la demanda del turismo sería nacional, es decir, en el mismo país. La demanda interna podría mostrar una más rápida recuperación.

Cuba encara el reto inmenso de contener la pandemia e impedir su expansión como primer elemento de su estrategia de salud, y parejo a ello continuar con el funcionamiento de actividades vitales de la economía que permitan la sostenibilidad de la nación.

La recuperación del sector turístico en el país no desconoce la existencia real del bloqueo de los EEUU que impide en primer lugar que sus ciudadanos puedan viajar a la Mayor de las Antillas y que sus líneas aéreas y de cruceros realicen operaciones comerciales.

Ello, dada la cercanía geográfica, permitiría la entrada de divisas frescas al país. La administración deDonald Trump ha añadido niveles de agresividad superiores en un intento por cortar los canales de entrada de la divisa —viajes, remesas, campañas contra la exportación de servicios médicos— y acceso de Cuba a combustibles.

Negada esta posibilidad, las autoridades del turismo cubano han diseñado desde antes de aparecer la epidemia una estrategia hacia mercados emisores que potencialmente pudieran viajar al país. Hoy muchos de esos destinos de larga distancia como China y Rusia están impactados por el azote del virus.

No obstante, en la medida que estos propios mercados comiencen gradualmente a abrir sus fronteras y se inicien las operaciones aéreas, los operadores de turismo comenzarán —con la seguridad sanitaria requerida— a ofrecer paquetes atractivos para los viajes de ocio.

Tal y como ha sido concebido por el Gobierno cubano, una apertura gradual al turismo tras el inicio de la recuperación del país tendría como principal objetivo incentivar el turismo nacional, pero ese nuevo escenario tendrá que considerar aún ciertas medidas restrictivas, derivadas de las experiencias obtenidas luego de haber enfrentado la pandemia.

Sin dudas, se ha producido un cambio en los paradigmas de viajes, en que el mayor enemigo es la incertidumbre y para ello la trasmisión de un clima de confianza, seguridad y la promoción creativa que legitime la utilidad social de los viajes serán las mejores herramientas para motivar a los mercados emisores.

Cuba acumula una vasta experiencia en el enfrentamiento a la hostilidad de EE. UU. y a numerosos eventos climatológicos que le ha permitido recomponer en breve tiempo sus capacidades y poner en óptimas condiciones su infraestructura hotelera y extrahotelera.

El mundo ha cambiado como consecuencia de esta pandemia, que llegó de manera abrupta y ha afectado a todos los continentes. La economía mundial ha sufrido un brusco frenazo, pero la vuelta a la normalidad será paulatina.

Expertos señalan que la recuperación del flujo de viajes en el orbe a los niveles registrados en el pasado 2019 podría tomar entre 12 a 18 meses. En esa misma cuerda se moverá la reanimación del turismo mundial. En tal escenario habrá que considerar la percepción de seguridad que le aporte al viajero su destino turístico.

El turismo en Cuba está llamado a iniciar el camino de la recuperación económica, al constituirse en un sector clave que pueda impactar en el desarrollo del país. Las autoridades de esta esfera han diseñado planes para la preparación de todas sus instalaciones para ese momento.

La creatividad en las propuestas deberá ser un incentivo a la activación de los viajes, toda vez que la contracción económica mundial condiciona los flujos monetarios en poder de los viajeros. Ese será el gran reto.

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