El Braemar, Los Cinco y otros pedacitos de Cuba en Anguila

Mientras veía las imágenes de aquellos turistas que desde la cubierta del crucero británico MS Braemar levantaban un cartel con el mensaje “Te quiero Cuba”, -en señal de agradecimiento por dejarlos atracar en el puerto del Mariel y ayudarlos a regresar a sus países de origen-, la emoción le estremecía el pensamiento y el cuerpo al doctor bayamés Andrés José Quesada Vázquez.

CAPAC/ Por Yurina Piñeiro Jiménez/ Tomado de Cubadebate/ Foto de portada: Ismael Francisco.

“Eso nada más lo hace Cuba. Un barco de personas, prácticamente condenadas a morir, por pasajeros contaminados con la Covid-19, pero le dimos la mano, cuando los demás le negaron la ayuda. Enfrentarse a una enfermedad desconocida y destinar de sus escasos recursos a ayudar a otros. Pero bueno, se salvaron esas vidas, eso es lo más importante”, pensó el galeno.

Lo que no imaginó fue que meses después, recibiría personalmente, las «Gracias Cuba, Thank you Cuba«, del hijo de una de las pasajeras del Braemar.

En junio de 2020, el doctor Quesada partió hacia la Isla de Anguila, al frente de la brigada médica cubana que ayudaría a ese protectorado británico a enfrentar la epidemia del coronavirus. Una chispazo de tierra en el mar Caribe donde encontró muchos pedacitos de Cuba.

“Gracias Cuba, Thank you Cuba”

Como era habitual, antes de examinar al paciente, sospechoso o positivo a la Covid-19, el galeno se presentaba: buenas, me llamo Andrés José Quesada Vázquez, soy el doctor al frente de la brigada médica cubana que vino a ayudarlos a enfrentar la epidemia.

“Era un turista inglés que estaba en cuarentena y tuvo un episodio agudo de una enfermedad respiratoria. Realmente se vio en apuros, se sintió bastante mal, pero le dimos todos los cuidados, hicimos todas las cosas como había que hacerlas, hasta que después de tomar la muestra, a las dos horas, tuvimos claridad que era negativo al coronavirus. Luego de atenderlo, me dijo: ‘Gracias Cuba’ (en un español “chamusquiao”, como decimos los cubanos),‘Thank you Cuba’ (en idioma inglés), por atenderme y porque mi mamá venía en el crucero MS Braemar, que estaba varado en el Caribe y que no tenía ninguna posibilidad, y  gracias a la evacuación humanitaria que ustedes ofrecieron, se logró repatriar a todas las personas, incluida mi madre’. Eso fue maravilloso, es una cosa que te impresiona, que una persona te de las gracias y luego te diga gracias de nuevo y otra vez ‘Gracias Cuba’ porque mi mamá venía en el Braemer. Realmente es impactante, a mí me impactó mucho”.

No sería ese el único pedacito de Cuba que Quesada encontraría en Anguila, también hallaría un ambiente pro cubano muy favorable. Aunque era la primera vez que recibían a profesionales cubanos de la salud, la población conocía de la Revolución Cubana, de Los Cinco… Precisamente por ser cinco los integrantes de aquella misión, algunos anguilenses los bautizarían con ese epíteto.

¿“Los Cinco”, en Anguila?

La brigada médica cubana en dicho protectorado británico, la integraron dos enfermeras, una epidemióloga, un especialista en Anestesia y un clínico, Andrés José, al frente de la misión, motivo por el que en varias ocasiones habló en público en nombre de sus cuatro compañeros. Fue así como les empezaron a llamar “The Cuban Five” (Los Cinco Cubanos).

“Es increíble como una Isla que gran parte de las personas aquí desconoce que existe, tiene un movimiento de solidaridad con Cuba, no estructurado, pero tú lo ves en la gente. Te hablan de Cuba. Conocen de Cuba. Allí en su tiempo hubo mucha campaña en Internet a favor de la liberación de Los Cinco, y casualmente, nosotros éramos cinco.

Entonces cuando la gente me escuchaba decir que éramos cinco especialistas cubanos que estábamos allí para ayudarlos a enfrentar la epidemia del coronavirus, exclamaban: ‘Oooooh, The Cuban Five’. También en la calle, a veces nos decían: ‘Oh, The Cuban Five’ (Los Cinco Cubanos), como estableciendo una similitud.

Para nosotros eso fue un compromiso tremendo, que la población por ser cubanos y ser cinco establecieran ese vínculo; fue una cosa maravillosa, pero que a la vez ponía las expectativas, todo, a una altura increíble. Pero bueno, lo hicimos bien, se atendieron cientos de pacientes, las enfermeras hicieron un trabajo notable, brillante; al igual que la epidemióloga y el anestesista”.

Las sorpresas no acabarían para estos «Cinco«. En aquel protectorado británico, los nuestros encontraron anguilenses tan “cubanos” como ellos. Profesionales formados en la Mayor de las Antillas. Médicos que usaban la bata blanca y larga. Un gobernador amante de Villa Clara…

Anguilenses cubanizados

Cuando de imprevisto al doctor Quesada le cambiaron su misión de Islas Vírgenes por la de Anguila, ni siquiera sabía de su existencia. “Y eso que me gusta la Geografía”. Cómo imaginar que allá encontraría pedacitos de su Patria.

“Es una isla en la cual viven y trabajan personas de los archipiélagos vecinos. Conocí más de 30 personas que estudiaron en Cuba, que se hicieron maestros y profesionales en nuestro país. Ahora estaban allí en diversas labores, pero todos hablaban español y todos tenían un sentimiento de agradecimiento muy grande por la nación cubana.

En el cuerpo de guardia donde trabajé, la mitad de los médicos estudiaron aquí. En cuanto llegué, me llamó la atención que algunos usaban bata blanca larga y otros no. Los que se educaron en Cuba, todos andaban con su bata. Incluso en el trato con los pacientes, uno se percataba de la diferencia; los formados allí, muy buenos, muy humanitarios, pero enfocaban la Medicina desde un ángulo más comercial.

Un lugar muy interesante en el cual podías trabajar sin precauciones en el sentido ideológico. Todo el aparato allí muy identificado con la causa cubana. Nos encontramos que el secretario de salud de la gobernadora, tiene familia aquí en Cuba y ha venido muchas veces. Otro gobernador se siente villaclareño y piensa ser el británico con el record de visitas al memorial del Che”.

Y así encontró Andrés José, muchas convergencias entre las dos islas del Caribe. Disfrutaba aquella «cubanía anguilense», pero le preocupaba su Cubita; el coronavirus ya empezaba a sentirse, y en ella estaban sus seres más queridos.

Emergencia sanitaria, familia, deber, vocación…

Antes de Isla Anguila, el doctor Quesada había prestado sus servicios en Zimbabwe, durante dos años (2004-2006), y en Venezuela, tres (2010-2014); pero nunca por motivo de emergencia sanitaria. Esta vez el temor era mayor, se trataba de una enfermedad nueva, una pandemia mundial.

Primera vez que participo en este tipo de misión (Henrry Reeve). Cuando el Ébola quise ir porque me gusta mucho esto de tratar enfermedades infecciosas, esa es mi especialidad (Infectología), mas en ese tiempo estaba al frente del hospital, y no pude participar en esa misión, que también fue muy difícil, dura, pero muy bonita.

Para el protectorado británico me fui con un poco de recelo porque evidentemente era un padecimiento nuevo. Pero más que por mí, sentía temor por mi familia. Aunque no estaría desprotegida por el gobierno y se producirían  productos cubanos para el control de la pandemia, a uno le quedaba aquello de querer estar al lado de ellos, para si pasaba algo, luchar a brazo partido».

«Pero entre ese temor, -que te lo compensa la confianza-, hay que ir a cumplir el deber, no queda de otra. Porque nosotros fuimos a una guerra contra el coronavirus, pero otros, como los que fueron a Angola, fueron a luchar contra las balas. Y en esa época en Cuba, el imperialismo cometió muchos sabotajes. O sea, siempre los que vamos a misiones, vamos a enfrentarnos a algo desconocido y dejamos atrás a seres queridos».

A Quesada lo esperaba en casa, su mamá de 78 años, sus dos hijos, sus dos nietos, su esposa. Luego de nueve meses, se abrazaron nuevamente. Él y sus compañeros culminaron exitosamente la misión.

Entre las mejores experiencias: Redescubrirse como médico

Desde el primer día en Anguila, el team cubano se unió a los especialistas nacionales, en la atención de casos de todo tipo. También realizaron una importante labor de asesoramiento en la creación de protocolos epidemiológicos y clínicos, en la adecuación de los existentes y en los comité asesores para la vacunación.

“El principal impacto de la misión estuvo en que evitamos la trasmisión comunitaria. Casos positivos  tuvimos, pero todos se pudieron parar a tiempo y se evitó la diseminación a la comunidad. Y eso fue un punto crítico, porque cuando tú logras evitar la trasmisión comunitaria, estás conteniendo la infección en los puntos de aislamientos. Hubo momentos que tuvimos 400 y 600 personas en cuarentena».

Pero indudablemente, para este profesional, entre las mejores experiencias estuvo redescubrirse como médico, reafirmar la vocación de tantos años.

Y lo más impactante es cuando vas a ver a un paciente positivo, en su casa o en un hotel aislado, y te das cuenta que tú no tienes miedo entrar a atenderlo, -porque para algunos eso es un problema. Impactante es verle a ese paciente la cara de agradecimiento. Que tú llegaste disfrazado, como dice uno ‘con todo’, pero entraste, lo tocaste, lo auscultaste, conversaste, hiciste una broma, le diste confianza, le pusiste tratamiento…

Allí el que atendía los casos positivos era yo. Y ver eso, cómo ellos cuando llegas se tranquilizan, porque dicen: ‘vino uno que no tiene miedo’, o sea, tú tomas todas las precauciones, pero sin mostrarle rechazo. Cuando ven que entras directo, protegido, pero sin miedo, eso le da una confianza muy grande a los pacientes, eso es muy bonito”.

Al doctor Quesada, la vocación de médico se le desborda. Ya retornó a su servicio habitual en el hospital Carlos Manuel de Céspedes, de la provincia de Granma. Sin embargo, sabe que la situación epidemiológica en su provincia es compleja, y con total disposición asegura: “Estamos aquí para lo que haga falta, sin ningún tipo de problemas”.

Merecidísima, doctor, cada muestra de afecto que recibiste en ese protectorado británico. La analogía con “Los Cinco”; las caras de agradecimiento; sobre todo, las «Gracias Cuba, Thank you Cuba». Porque fue usted en Anguila, tan sensible a lo humano, como aquel día, -en que al ver a los pasajeros del Braemar atracando en el puerto del Mariel-, la emoción lo estremeció. Justísimo todo honor que recibiera, pues fue usted mismo, otro pedacito de Cuba en aquella Isla.