El “capital” de Cuba contra el virus

A los ritmos actuales de incidencia e ingresos, Cuba ha multiplicado varias veces los montos financieros invertidos en los inicios del enfrentamiento a una enfermedad que descolocó a los órdenes planteados por los seres humanos, dondequiera.

CAPAC- Por Julio Martínez Molina/ Tomado de Granma / Foto: José M. Correa.

No importa que no lo publiquen en los grandes consorcios mediáticos corporativos. No importa que no constituya el tema dominante (aunque la pandemia resulta ahora la principal preocupación del planeta) en las redes sociales. Pero el inigualable combate frontal de Cuba contra la COVID-19 merece absoluto respeto.

Debe concitar libros, documentales, series y hasta la película que habría de reservarle a esta épica labrada en las 24 horas diarias de un centro asistencial, en la batalla por la vida.

A los ritmos actuales de incidencia e ingresos, Cuba ha multiplicado varias veces los montos financieros invertidos en los inicios del enfrentamiento a una enfermedad que descolocó a los órdenes planteados por los seres humanos, dondequiera.

Como hacen los malsanos, el Gobierno de EEUU aprovechó la «oportunidad» de la enfermedad, y sus implicaciones, para aumentar el acecho más voraz de la historia de la humanidad contra un país con el cual no se encuentra en guerra.

Valga recordar que el año anterior, Cuba perdió 5.570 millones de dólares como consecuencia del bloqueo norteamericano, «una carga verdaderamente abrumadora, tratándose de una economía pequeña como la nuestra», consideró el canciller Bruno Rodríguez Parrilla. Esa, como sabemos, ha sido la mayor pérdida por el bloqueo desde su imposición, durante más de medio siglo.

No obstante los centenares de medidas de dicha política imperialista contra nuestro pueblo, un turismo prácticamente inexistente a causa de las obligatorias medidas restrictivas a escala interna y externa, la ralentización del comercio mundial, la escasez de fertilizantes e insumos para producir y otros percances, Cuba se creció, cual solo sabe hacerlo este país.

En 2020 –cuando la nación solo recibió el 55% de la divisa planificada y se ejecutó el 60% de las importaciones–, por supuesto, los gastos de Salud previstos en el plan aumentaron debido a la contingencia sanitaria. El presupuesto del Estado destinó, entonces, más de 1.300 millones de pesos para enfrentar el coronavirus.

En medio del complejo escenario pandémico, a enfermos y contactos, aquí, durante casi un año, se le han practicado costosos PCR en tiempo real (más de 2.500.000). Decenas de miles de compatriotas fueron aislados en instituciones del Estado, o en otras instancias de atención, con todo cuanto ello entraña en erogaciones financieras. A lo anterior han de sumarse los millones de pesos invertidos en medicamentos (área sujeta al feroz castigo del bloqueo), aseo y limpieza, lencería y otros tantos millones de pesos en gastos de personal y prestaciones de trabajadores asociados a la tarea, sin olvidar las cifras por concepto de transportación u otras relacionadas.

En condiciones tan difíciles, cualquier otro país hubiera transformado de raíz sus prácticas sistémicas o aplicado las políticas de choque recomendadas en los manuales neoliberales. Mas no, nuestro Gobierno ha destinado lo poco con que cuenta para la contienda asistencial. Resultado: índices de enfrentamiento y resolutividad envidiables en todo el orbe y, por si fuera poco, Cuba ya tiene, en fase final de ensayos, nada menos que ¡cinco¡ vacunas contra el virus.

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