Cuba: La mesa está servida

La mesa está servida para el “golpe suave”. La Joven Cuba ha tocado fondo. Su estrategia es desarmar ideológicamente a la Revolución y propiciar disturbios en nombre de una sacrosanta libertad de expresión, en un momento crítico. 

CAPAC- Por Salvador Capote / Tomado de Resumen Latinoamericano Cuba/ Foto: LJC.

 

No es un secreto que los dos próximos meses de diciembre y enero serán los últimos de la administración de Donald Trump, que será sustituida por una administración demócrata y, por tanto, será este corto período el más peligroso para la Revolución Cubana porque, entre otras razones, el mandatario saliente no tiene ya nada que perder. 
Y es en estas circunstancias, cuando el Secretario de Estado, Mike Pompeo, como si Estados Unidos no tuviese grandes problemas externos e internos que atender, dedica su tiempo a dar su espaldarazo, a falta de algo mejor, al mal llamado Movimiento San Isidro, lo que equivale a poner luz verde al “golpe suave”, que La Joven Cuba, ¡qué casualidad!, se aparece con una declaración pidiendo en ella una “articulación” que “tenga alcance nacional y transnacional [Miami no se podía quedar fuera], y la diversidad de ideologías y credos”. 
Los que proponen esta “articulación” señalan que han “seguido con atención los sucesos de los últimos días y ahora en el Ministerio de Cultura de La Habana”. Y piden revisiones de la constitucionalidad que, a quien las lea sin conocimiento del contexto, le parecería que en Cuba existe una crisis constitucional que estaría a punto de dar al traste con el Estado de Derecho. Rechazan, por supuesto, “toda acción estatal violenta” (esto, en el país del continente con mayor tranquilidad ciudadana) y, como saben que el tiempo apremia, urgen a que se cumpla “el cronograma legislativo violado”. Todo esto, entre edulcoradas frases patrioteras que solo engañan a quien quiere dejarse engañar; lo que José Martí llama “yerba seca y pedantería”. 
La mesa está servida para el “golpe suave”. La Joven Cuba ha tocado fondo. 
Su estrategia es desarmar ideológicamente a la Revolución y propiciar disturbios en nombre de una sacrosanta libertad de expresión, en un momento crítico. Ya casi no le queda tiempo a sus colaboradores con vergüenza que aún le quedan, para tomar distancia. 
Han cometido un enorme error de cálculo. No tienen idea de la fuerza y la solidez de la Revolución, aunque algunos sí y por eso prefieren manejar los hilos desde el extranjero. 

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