La Siembra de una alternativa: el comandante Hugo Chávez y el horizonte bolivariano
En Los Eucaliptos de la parroquia San Juan, mi barrio, las y los jóvenes de mi generación conocimos a Fidel por un mural. El inmortal Fidel que está próximo a su centenario y quien tanto tendrá que ver con el comandante Chávez, protagonista de estas líneas.
CAPAC.- por Erika Farías, RedH, tomado de Telesur
Al comandante Chávez en cambio, lo conocí aquel 4 de febrero cuando irrumpió en la pantalla de televisión, cual vendaval de arrojo y de responsabilidad histórica. ¿Cuál era el contexto? Unas democracias liberales que arrastraban una crisis terminal de sentido, un fenómeno que Castoriadis, entre otros, acuñó bajo el concepto de «la era de la insignificancia». Este vacío se caracterizaba por la privatización de los individuos, el eclipse de la imaginación radical y la conversión de la política en una mera gestión tecnocrática desprovista de pasión y de proyecto histórico. En las sociedades hiperreguladas por el capital, la ciudadanía -ni que hablar de pueblos- ha sido reducida a un rol meramente espectador y pasivo. La alienación democrática es tal que las élites políticas y financieras predeterminan las opciones elegibles; nadie le pregunta jamás al pueblo sobre qué bases estructurales quiere refundar su sociedad, ni bajo qué principios éticos desea convivir, ni a quiénes —desde sus propias entrañas colectivas— quiere verdaderamente postular para el ejercicio del poder. El voto se transforma así en un ritual vacío de soberanía real.
Sin embargo, a finales del siglo XX, el colapso del sistema bipartidista puntofijista en Venezuela se erigió como el síntoma vivo de esta crisis de insignificancia, pero también como el terreno fértil de su superación. La irrupción del comandante Chávez significó una fractura epistemológica y práctica con la democracia delegativa y representativa. Chávez develó la trampa de la representatividad burguesa y la trascendió desde el momento mismo en que propuso el proceso constituyente como un acto de creación heroica. Frente a la apatía y el desespero de una nación saqueada y empobrecida, el Comandante propuso devolverle el sentido sagrado y el poder a la política, propuso refundar la República, propuso escribir colectivamente un horizonte constituyente desde y hacia un sujeto histórico consciente y en movimiento.
Para lograr que luego de las elecciones de 1998, “el beso de la burguesía” no prosperara el Comandante Chávez visitaría todos y cada uno de los núcleos de trabajo político existentes y, muy especialmente, los del movimiento popular bolivariano en el que militaba y allí lo conocí de la pantalla de VTV, a mi asamblea. Aunque no faltáramos cada semana, a la visita que le hiciéramos en Yare.
I. El Instrumento político: de la resistencia a la toma del poder.
Para comprender la magnitud de la transformación bolivariana, es imperativo analizar cómo se concibió el instrumento político, distanciándose radicalmente de los partidos-maquinaria de la Cuarta República, como Acción Democrática y COPEI. Estas organizaciones tradicionales operaban como agencias de colocación de empleo y aparatos de cooptación clientelar que vaciaron de contenido ideológico a la militancia. Frente a esta lógica de control vertical, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) y, posteriormente, el Movimiento Quinta República (MVR), no nacieron para ser franquicias electorales, sino herramientas de articulación para un pueblo que demandaba ser el escultor de su propio destino. El instrumento político fue pensado como un canalizador de la insurgencia popular, un espacio de autoeducación permanente y el núcleo organizativo indispensable para disputar el poder sin caer en las trampas del reformismo. Previo incluso al MBR-200, en los cuarteles en 1977, fundaría el Ejercito Popular para la Liberación del Pueblo de Venezuela, bautizándola jocosamente en uno de los Cuentos del Arañero, como la iniciativa que tendría más siglas que miembros.
Esta construcción no fue de arriba hacia abajo, sino el resultado de un arraigo profundo e inédito en el territorio nacional. Durante 3 años (1994-1997) recorrerá el país para encontrarse con las organizaciones de base que existían para el momento y con la población en general, fundamentalmente haciendo diagnóstico de la Venezuela profunda, tomando dictado de sus demandas, constatando las situaciones en las que vivían, creando un vínculo amoroso y “devolviéndole la visita” a todos y todas quienes habíamos ido a conocer al mito Chávez en la cárcel de Yare. No será sino hasta el 1997 cuando se plantea ir a las elecciones presidenciales, fruto de un fecundo debate con todos los núcleos de trabajo político y el movimiento popular que activaba para la época. Se produciría a partir de aquí dos rasgos distintivos del Comandante Chávez, el de mandar obedeciendo, escuchando al pueblo y consultándolo permanentemente de manera directa y sin intermediarios y el de producir una revolución dentro de la revolución permanentemente.
Esta dialéctica entre la vanguardia y las bases populares redefinió el concepto mismo de liderazgo en la izquierda global. El instrumento político dejó de ser una burocracia congelada para convertirse en un organismo vivo, cuya legitimidad dependía estrictamente de su capacidad de fundirse con la capacidad de tomar dictado, de tomar el pulso, de escuchar y de abrazar. Al asumir el «mandar obedeciendo», Chávez dinamitó la intermediación alienante de las viejas élites. La decisión de participar en el escenario electoral de 1998 no fue una claudicación ante las reglas del sistema imperante, sino una estrategia audaz legitimada colectivamente para asaltar pacíficamente el Estado oligárquico e iniciar, desde la base misma del tejido social, la demolición de la insignificancia política institucionalizada, de las multitudes y del fin de la historia.
Dos elementos hay que resaltar del Chávez huracán de pueblo, tan temprano como en los primeros días de gobierno. Rompiendo con el guión establecido por las élites de Punto Fijo, el 2 de febrero de 1999, pronunció un juramento que estremeció el Palacio Legislativo: “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias…”. Al calificar a la Carta Magna de 1961 como «moribunda», Chávez no solo dictó la partida de defunción del viejo régimen, sino que activó el Decreto Número 3, convocando inmediatamente al Referéndum Constituyente.
Apenas 23 días después de haber asumido la presidencia, el 27 de febrero de 1999, el Comandante Chávez tomó una decisión cargada de un simbolismo político estremecedor para contribuir a sanar el alma de la Patria: el lanzamiento del Plan Bolívar 2000. La fecha no fue elegida al azar. Se cumplían exactamente diez años del Caracazo de 1989, aquella trágica jornada en la que la burguesía puntofijista utilizó al ejército nacional para masacrar a un pueblo expoliado que protestaba contra el paquete neoliberal de Carlos Andrés Pérez, AD y el FMI.
II. La Democracia Participativa, Protagónica y Popular: superando la democracia liberal
La Revolución Bolivariana no podía limitarse a una reforma institucional epidérmica; requería una transmutación radical de la concepción misma del ciudadano. En la teoría democrática burguesa, de corte netamente procedimental, la participación política es fragmentaria y enajenada. Se reduce a la delegación temporal de la soberanía en un cuerpo de representantes profesionales que, una vez instalados en el poder, se independizan de sus representados. Donde las leyes y las decisiones vienen dadas por un «otro» tecnocrático o empresarial— condena a la sociedad a la pasividad y al despojo de su potencia creadora. Hugo Chávez identificó con precisión este secuestro de la voluntad popular y opuso a la ficción representativa el concepto de la democracia participativa y protagónica, asumiendo que el pueblo es el único depositario legítimo del poder constituyente originario.
El marco fundacional de esta ruptura se consolidó con la Refundación de la República en la Constitución de 1999. Por primera vez en la historia constitucional de Occidente, el protagonismo popular no quedó relegado a un preámbulo retórico, sino que se instituyó como un derecho vinculante y transversal. Al consagrar mecanismos directos de consulta, revocatorios de mandato para todos los cargos de elección popular y la gestión directa de las políticas públicas por parte de las comunidades organizadas, Chávez dinamitó las bases de la democracia burguesa.
A través de la creación de los Consejos Comunales y las Comunas, el Comandante Chávez propuso una estrategia que encarna la máxima expresión de una democracia sustantiva y popular que entiende que la emancipación económica y social solo es posible si el pueblo asume el control directo y diario de las estructuras que sostienen su propia vida.
III. A manera de no concluir: el Comandante Chávez-Jefe
Puedo cerrar los ojos y escuchar su voz rompiendo el frío de la madrugada en el Palacio, con esa manera tan suya de llamarme “Érika, negra, agarra papel y lápiz que resolví el tema de la transferencia de recursos”. O rememorar las múltiples maneras que tenía de hacernos ver la necesidad de ponernos en el lugar del otro y de la otra. Se aprendía en cada segundo, en cada minuto, se aprendía-haciendo. Se aprendía el valor de la unidad, de entreayudarnos.
Su legado político vive entre nosotros. En la identidad política que le hace frente a las adversidades y se funde en cada nueva batalla. En la cultura que lucha sin descanso, expresa el amor, la espiritualidad y el bien común. En el principio esperanza, legado filosófico de nuestro comandante Chávez el cual cobra una vigencia estremecedora en un escenario global. En un planeta dominado por algoritmos corporativos, democracias vaciadas de soberanía popular y élites tecnocráticas alienadas, la praxis bolivariana se erige como un faro de imaginación radical y de insurgencia democrática.
El Comandante Chávez logró fundir con maestría tres dimensiones históricas interconectadas: la creación de un instrumento político orgánico nacido de la Venezuela profunda, la edificación de una democracia participativa orientada al autogobierno comunal, y una propuesta soberana plasmada desde la resistencia que desmontó los pilares de desnacionalización y pobreza de la Cuarta República.
Esta efeméride conmemorativa recuerda al Chávez que exige resistir y re-existir, profundizar nuestro proceso de cambio y defender con intransigencia el protagonismo directo del pueblo. Su siembra histórica sigue viva en la medida en que las Comunas siguen deliberando y cultivando poder popular, las organizaciones de base mandando obedeciendo, los movimientos en el mundo están enarbolando el ALBA y el sujeto popular continúa demostrando que la política es el arte colectivo de transformar la realidad para hacer posible la dignidad humana.

