11 de septiembre – Allende y el Che
En un nuevo aniversario de la caída en combate, hace 53 años, del presidente constitucional de Chile, indispensable rememoración de la relación entrañable que tuvieron en vida dos mártires de la Revolución en Nuestra América: el Che Guevara, y Salvador Allende.
CAPAC – por Mario Ernesto Almeida Bacallao – tomado de Granma
En enero de 1959, Salvador Allende visitaba La Habana. Inicialmente, no entendió lo que ocurría y pensó que nada nuevo pasaba. En un contacto con Carlos Rafael Rodríguez le diría, brusco, «vine a ver esta revolución, pero como no hay tal Revolución, me voy».
A duras penas, su interlocutor lo convenció de quedarse un poco más. En la propia tarde, era citado por el Che a La Cabaña. Lo recibiría tirado en un catre y en medio de un ataque de asma. «Mire, Allende, yo sé perfectamente bien quién es usted. Yo le oí en la campaña presidencial del 52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así es que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión clara de quién es usted», dijo Guevara.
«Mire, Allende, yo sé perfectamente bien quién es usted. Yo le oí en la campaña presidencial del 52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así es que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión clara de quién es usted»
Che Guevara
«Después me di cuenta –contaría a Régis Debray, filósofo francés-, ya siendo presidente, de la calidad intelectual, el sentido humano, la visión continental que tenía el Che y la concepción realista de la lucha de los pueblos. Podría decirte que fui amigo del Che».
«Después me di cuenta, ya siendo presidente, de la calidad intelectual, el sentido humano, la visión continental que tenía el Che y la concepción realista de la lucha de los pueblos. Podría decirte que fui amigo del Che»
Salvador Allende
Se volverían a ver en Montevideo, en pugna común contra la Alianza para el progreso que proponía EE.UU. Al salir del Salón de Honor de la Universidad de esa ciudad, el Che le propuso ir separados para no dar un solo blanco en caso de atentado. Un profesor uruguayo sería asesinado ese día, en efecto, mediante atentado, contra la multitud que esperaba afuera a los líderes.
Horas después se juntaron nuevamente. Allende conoció a la madre del Che y este le confesó que viajaría de forma reservada a Buenos Aires a encontrarse con el presidente argentino Arturo Frondizi.
Durante esos años, Allende recibiría al menos dos regalos del comandante: Un retrato, dedicado a los familiares del compañero Salvador, y un ejemplar de «La guerra de guerrillas» que había descansado sobre su escritorio y que el chileno calculaba fuese el segundo o tercero de la tirada, porque el primero, meditó, de seguro habría llegado a manos de Fidel.
«A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che», se leía en la dedicatoria.
«A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che»
Che Guevara
Salvador Allende presidía el Senado de su país cuando los sobrevivientes de la Guerrilla en Bolivia rompieron el cerco del ejército y llegaron a territorio de Chile. «Entonces yo estuve con ellos en Iquique y después volé a Pascua y Tahití con ellos. Ahí me firmaron Pombo, Benigno y Urbano en este libro, La guerra de guerrillas, que yo llevaba, y ellos pusieron lo siguiente: ‘Compañero, en el libro que le obsequió el Che, queremos que queden estas palabras como homenaje a él, de los que fuimos sus compañeros de la guerrilla boliviana’».
«Entonces yo estuve con ellos en Iquique y después volé a Pascua y Tahití con ellos. Ahí me firmaron Pombo, Benigno y Urbano en este libro, La guerra de guerrillas, que yo llevaba, y ellos pusieron lo siguiente: ‘Compañero, en el libro que le obsequió el Che, queremos que queden estas palabras como homenaje a él, de los que fuimos sus compañeros de la guerrilla boliviana'»
Salvador Allende
Régis Debray le insiste: «Cuando la trasmisión del mando, en el Estadio Nacional, donde usted pronunció su primer discurso político como presidente, estaba el retrato del comandante Guevara. Usted lo mencionó como ejemplo para la juventud chilena. Una pregunta: ¿por qué usted con posiciones políticamente distintas de las del Che sigue asumiendo la bandera del Che Guevara, de la Revolución Cubana, del internacionalismo latinoamericano?
–Porque yo creo, indiscutiblemente, que en la vida de Latinoamérica pocas veces, o quizá nunca, ha habido un hombre que haya demostrado más consecuencia con sus ideas, más generosidad, más desprendimiento. El Che lo tenía todo, renunció a todo por hacer posible la lucha continental. Ahora, la respuesta del porqué está en la propia dedicatoria del libro del Che: ‘Para Allende, que por otros caminos trata de obtener lo mismo’. Había diferencias, indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales».
«Yo creo, indiscutiblemente, que en la vida de Latinoamérica pocas veces, o quizá nunca, ha habido un hombre que haya demostrado más consecuencia con sus ideas, más generosidad, más desprendimiento. El Che lo tenía todo, renunció a todo por hacer posible la lucha continental. Ahora, la respuesta del porqué está en la propia dedicatoria del libro del Che: ‘Para Allende, que por otros caminos trata de obtener lo mismo’. Había diferencias, indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales»
Salvador Allende
El 11 de septiembre de 1973, con un fusil y un casco militar, arengaría a su gente: «¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos».
«¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos»
Salvador Allende
Nadie podría negar que, ese día, el Che también estuviera hablando mediante la voz de su compañero, quien, a seis años de distancia, era asesinado por el mismo odio.

