En Cuba, la única revolución tiene los colores del Socialismo de Fidel y el Che, no hay otros colores

La historia demuestra, que la sobrevivencia de una Revolución, o de cualquier sistema político y social contestatario al imperialismo, depende de la cohesión social y de la lucha unitaria desde dentro de las instituciones refrendadas por las mayorías

CAPAC  – por Carlos Luque, fuente Cuba Si

En “Los perfectos idiotas útiles para Eugene Sharp”, artículo publicado en Granma por Jorge Wejebe Cobo el 26 de marzo de 2019, el autor apunta un dato histórico interesante. Nos informa que Sharp publica “La política de la acción no violenta” en 1973, cuando comenzaba su apogeo el período dictatorial latinoamericano en varias repúblicas del Sur y en breve los EEUU perderían su guerra en Vietnam. Esa guía para la revolución socialista al revés, como le llama el autor, no era entonces oportuna para defender la democracia burguesa. En el Chile de Allende se recrearían las tesis de Friedman y sus chicos de Chicago al son de las bayonetas y los bombardeos.

Como vimos en la contextualización histórica, la oportunidad llegaría con la disolución de la URSS y el interés imperialista de hacer girar en su órbita a las antiguas repúblicas del bloque soviético y las socialistas del este europeo.

No les importan las ideologías, ni el sistema político en cuestión, sino aprovechar la disidencia sea del color y la intencionalidad que sea.

La otra propiedad que merece ser destacada en Cuba, es que las técnicas o métodos de la acción no violenta tienen la intencionalidad de explotar a su favor  las reivindicaciones, que presumiblemente son inevitables en un proyecto en construcción, de la cosmovisión de la izquierda en su amplio espectro, tanto las tradicionales y universales exigencias atemporales y abstractas de la igualdad, la fraternidad y la libertad, como aquellas coyunturales opciones de los actores políticos ante un conflicto particular. Lo mismo ocurre con las reivindicaciones universales feministas, sexuales, antirracistas y otras. O dicho de otro modo: no le importan las ideologías, ni el sistema político en cuestión, sino aprovechar la disidencia sea del color y la intencionalidad que sea.

Cualquier ejemplo lo ilustra. Un proyecto socialista como el cubano erradica de raíz las causas estructurales sociales y económicas profundas del racismo y la discriminación de la mujer, pero tiene que proseguir su tarea, quizás infinita, porque la transformación de las conciencias y el imaginario cultural marcha a la saga de los cambios estructurales y, además, está influida, conformada, y deformada por la mundialización hegemónica de la cultura capitalista a través incluso de sus iniciativas falsamente filantrópicas.

Una noticia muy reciente informa que la organización de Soros pretendía financiar con recursos federales de los EEUU a sus entidades extranjeras dedicadas a la lucha contra el SIDA, aunque esas organizaciones rechazaron oponerse-, y tampoco se compromete la Open Society Foundation, – a la prostitución en sus países. La Open Society Foundation financia organizaciones feministas, pero financia también a sus órganos extranjeros que no se oponen a la prostitución.

Las condiciones subjetivas para la siembra de las revoluciones no violentas medran en la crítica contra las dificultades que los países agredidos afrontan para seguir creando las condiciones que posibiliten el avance en esos temas. La solución no puede ser ocultar los problemas que en esos temas subsistan, pero sí exige la lucidez en su tratamiento. Tarea difícil sí, complejísima, pero que es una condición de quien se arrogue una función intelectual.

Ya vimos en sus propias declaraciones, que la filiación ideológica de las masas que mueven no les interesa, aunque los entrenadores y sus financistas, naturalmente las tengan bien definidas. Esto se resume en que el objetivo común de todas las experiencias históricas citadas en los textos anteriores ha sido llevar la “democracia” a países “totalitarios”, pero para caer bajo el dominio del totalitarismo de las democracias liberales capitalistas.

Utilizar cualquier justificación y cualquier procedimiento para lograr la meta de revertir un gobierno

Si esos métodos se sostienen en algún “principio”, es el de no tener ningún principio. Que no sea utilizar cualquier justificación y cualquier procedimiento para lograr la meta de revertir un gobierno. Pero, obviamente, si examinamos la cartografía donde han sido aplicados esos métodos hasta el día de hoy, vemos un denominador común: se utilizan allí dónde sea de interés a la élite del capitalismo y su cancerbero mayor, el estadounidense. La ruta del financiamiento y los países excluidos de la aplicación de esos métodos hasta hoy, así lo prueba.

El Manual de Sharp está pensado para aprovechar el ejercicio de la crítica en los proyectos anticapitalistas, jugando con las inevitables dificultades que todo proyecto contestatario encuentra en su camino, sea por las agresiones, sea por los errores. Es su baza de triunfo. Su mefistofélica efectividad. Porque como de la crítica no se puede prescindir, el procedimiento es utilizar a quienes ejerzan la crítica a favor o en contra de los gobiernos. A favor o en contra porque lo que interesa es que se critique “algo” y utilizar la disidencia.

En lo que respecta a los países anticapitalistas, aprovechan la crítica ejercida desde una posición de aparente apoyo al socialismo como ideal, pero no al gobierno y a algunas de sus instituciones en particular. Aunque también utilizan, por supuesto, las opuestas a ese proyecto mientras procuran y aleccionan que no incurran en la violencia directa. El objetivo es unir en un frente común a ambas para ganar unas elecciones, derrocar por medio de las manifestaciones públicas o desacreditar al socialismo como aspiración de cambio.

Es decir, en resumen, aprovechan las vías por las que la democracia se ejerce, pero con la intención de suplantarla por la democracia liberal, que es la consustancial al capitalismo, y por gobiernos que no obstaculicen sus objetivos de dominación de una región, sea por sus recursos, o por razones de geoestrategia política, o normalmente por esos dos combinados. Al imperialismo, o lo que es lo mismo en esencia, al Mercado capitalista expansionista, no le interesan las ideologías, ni aun la democracia, que no sea la ideología del Mercado.

En efecto, en el apartado de las Declaraciones Formales (verbales), el Manual de Sharp   aconseja vías de acción no violenta, – que conceptúa como persuasivas, simbólicas, influyentes, – que son procedimientos naturales del funcionamiento de cualquier sistema que se considere democrático. Pero el objetivo es que se utilicen fuera de las instituciones del gobierno a derribar, o en protestas públicas. Así ocurre con el uso de: los discursos públicos, las cartas de oposición o de apoyo, las declaraciones públicas firmadas, acusaciones y declaraciones de intenciones, peticiones en grupos o en masa, etc.

En Cuba hemos asistido al intento de aplicar algunos de esos procedimientos

En Cuba hemos asistido al intento de aplicar algunos de esos procedimientos. Son vías del ejercicio del criterio público. Pero no es nada casual que los que han acudido a ellas, son a la vez personas que manifiestan – en su obra, en los medios, o en sus declaraciones, y siempre desde fuera de las instituciones, – posiciones contrarias a algunos aspectos medulares de la democracia socialista, el Estado o el Partido.

Nótese que casi ninguna constitución tiene prestigio y aceptación mundial hoy si no refrenda la libertad de expresión y otros derechos aceptados como universales. Las vías apuntadas antes participan del conjunto de algunos procedimientos para realizar los llamados derechos humanos, y por ello es de tanto interés para los objetivos de las revoluciones no violentas exigirlos, y utilizarlos para sus fines. Pero el cálculo consiste en que tienen distinta consecuencia e intencionalidad política si son vías para contribuir al mejoramiento de un sistema político, o para su destrucción.

La falsedad ética y la carencia absoluta de principios en el uso de procedimientos democráticos

La falsedad ética y la carencia absoluta de principios en el uso de esos procedimientos democráticos  salta a la vista de cualquiera que comprenda que, aunque los gobiernos derrocados por esas “revoluciones de colores” pudieran no ser democráticos de la democracia que le interesa al Capital, en todo caso, el objetivo final era que esos países cayeran bajo la órbita del dominio geopolítico estadounidense y del capitalismo occidental. Y por supuesto, en el hecho de que quienes las enseñaban, siguiendo el manual, eran mercenarios “respetables” a sueldo de instituciones subversivas que violaban algunos de los mismos derechos universales contra cuya violación decían oponerse. Y en la geografía capitalista, ya hemos visto cómo algunos países no han visto alzarse nunca el puño negro sobre el fondo blanco.

El acápite del Manual que se refiere a las comunicaciones con el público más amplio posible, pero sobre todo para actuar sobre “grupos” bien localizados, indica el uso de los símbolos y las frases cortas. Todo lo que actúe subliminalmente e invada la racionalidad, moldee la subjetividad e impida la reflexión: posters, carteles, banderolas, octavillas, panfletos, libros, periódicos y revistas, anuncios, radio, televisión, discos, casetes, vídeos, rótulos gigantes aéreos y terrestres. Se entiende mejor por qué su “democracia” está favor de la existencia de medios de comunicación privados y periodistas “independientes” en aquellos países donde les ha resultado más difícil penetrar, como nuestro propio país, o cómo han aprovechado el caso de la supervivencia de esos medios en Venezuela.

En un país como Cuba, los cerebros grises detrás de las revoluciones de colores están mucho más interesados en la intelectualidad, las nuevas generaciones, y los activistas o pensadores todos que se manifiesten mediante alguna actividad pública, que no se declaren opositores francos del sistema político o su gobierno, pero que, como parte de sus convicciones, disputen mediante la crítica algún elemento de la vida interna política y republicana y en cualquiera de sus terrenos. De la opción opuesta, sólo manifiestan interés y tratan de instruir a los que estén dispuestos a canalizar sus acciones mediante la no violencia.

Crear algún protoescenario desde el cual comenzar a organizar revueltas públicas, aprovechando las dificultades que la misma agresión impone

Se intenta en nuestro país desatar alguna acción no violenta, comenzando con campañas digitales, muchas veces vulgares y de muy baja catadura moral, pero acompañada en paralelo con una minería acuciosa en las dificultades o errores para desacreditar el socialismo y a sus instituciones, procurando crear algún protoescenario desde el cual comenzar a organizar revueltas públicas, aprovechando las dificultades que la misma agresión impone y para regresar al país a la dominación del agresor a que sirven. A la vez, como parte del plan, las instituciones extranjeras bajo el manto de cursos y estudios académicos, procura atraer a sus órbitas a intelectuales, investigadores o artistas cuyas obras asuman posturas críticas con respecto la democracia cubana, su partido o su gobierno. A ese nivel procuran cubrir de respetabilidad y objetividad sus verdaderas excepciones.

Las acciones muy visibles, – por ejemplo, las de la “artista” Tania Bruguera, cuando procuró hacer su performance en la Plaza de la Revolución cubana (muy a tenor con los procedimientos simbólicos del Manual de Sharp y epígonos, pues el objetivo era manchar la historia simbólica de la plaza), a la vez que rechazaba los medios institucionales que se le ofrecieron; o las obscenidades públicas de algún que otro aspirante a “artista”,  violación de símbolos patrios, como fue el caso de los bustos de Martí y la bandera, siendo a la letra una aplicación de la no violencia, no tienen la sutilidad suficiente como para adscribirse a la arista que menciono más arriba: estas salen algo más de las fronteras de la “no violencia”, con su evidente agresividad desembozada, no son nada sutiles, o como dice el Manual, no son sugerentes, suaves, indirectas, persuasivas, no tienen suficiente “color” vistoso, son muy “oscuras”, frontales en el momento “no indicado”. En realidad, son intentonas que pertenecen a otra fase del conflicto artificial, cuando ya está en marcha, y esperan catapultarse en alguna protesta espontánea o grupal. Pero el afán de cobrar el peculio, y la torpeza y sobre todo la subestimación de Cuba, les hace ensayar con antelación.

Advirtamos que algunas de las acciones que describen los manuales de las revoluciones no violentas, pudieran ser efectivas a las causas justas, como fue la desobediencia civil no violenta de Gandhi en su lucha anticolonial, y que Gene Sharp usa en su libro sin reconocer esa deuda.  Por esa razón pueden pasar inadvertidas en sus propósitos, como instrumentos de las izquierdas. Pueden ser muy eficaces en países capitalistas para derribar dictaduras, o a las élites capitalistas en el poder, en aras de la democracia.

Pero nunca la democracia ha sido la meta de sus ejemplos históricos. Y en Cuba su finalidad es devolverla a la órbita de dominación imperialista.

En su aplicación histórica las revoluciones de colores se apoyan en una calculada “neutralidad” desideologizada para que el uso consciente o ingenuo de sus acciones, aproveche las dificultades propias de los sistemas políticos anticapitalistas, explotando, como vimos, las exigencias democráticas que le imponen cumplir.

Y ello, porque la ideología democrática capitalista, liberal, exige la democracia a su estilo, a la vez que la dificulta, entorpece o agrede, si en esos gobiernos a derrocar la arquitectura de la democracia obedece a las condiciones específicas de su sobrevivencia, pero dificulta los intereses de la dominación.

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