COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ: SEGUIR SUS HUELLAS ES HOY UN MANDATO DE LA HUMANIDAD. (x Stella Calloni)

Los discursos de Fidel eran y son cátedras vivas, iluminantes, con un lenguaje comprensible para todos, que ni el más humilde poblador del mundo necesitaba ni necesita que le traduzcan

CAPAC – por Stella Calloni

Donde sea que esté, y sabemos que está en todas partes donde los pueblos lo necesiten, el amado comandante Fidel Castro Ruz lo hace pensando y organizando sus radiantes estrategias, iluminando los socavones de oscuridad en estos tiempos oscuros que él predijo, no para alertarnos solamente, sino para prepararnos dialécticamente ante la necesidad de modificaciones  en el rumbo, sin perder un sólo  principio revolucionario,  y enfrentar, sin confusiones, un mundo en desorden y caos  previsibles porque andamos el camino hacia otro Nuevo Orden Mundial de sobrevivencia humana en paz y justicia.

Pero ¿qué decir de Fidel que no se haya dicho y escrito en sus largas biografías, que no se haya registrado en la mirada y la palabra de los más importantes escritores y pensadores de Nuestra América y del mundo, de lo que hay un enorme registro en los archivos cubanos?

Cuba es un país irradiador de solidaridad, de cultura de educación, de ciencias, de salud de médicos, de todo aquello que no necesita de promociones falsas. Un país de poco más de diez millones de habitantes, que vive en un territorio pequeño rodeado por un mar de aguas color turquesa, de donde emerge tanta sabiduría y amor, que alcanza a todos los rincones del mundo.

Es imposible describir esto en escasas palabras, como es imposible detallar en informes lo que produce en unos y otros la solidaridad que no es un canje, sino que es la capacidad de amor y desprendimiento generoso de un pueblo que nos abraza y nos renace.

¿Puede alguien explicar por qué el mundo está pendiente de los mínimos sucesos en un país como Cuba, que es sólo un punto imperceptible en el mapa mundial?  Nos interrogamos hoy en pleno siglo XXI de revoluciones científico-tecnológicas, ciberseguridades, ciberguerras, de Inteligencia Artificial que intenta reemplazar al intelecto humano.

Y la respuesta que, sin dudar daría Fidel, y el pueblo cubano hace suya en estas horas, es que nada de esto ni siquiera la Inteligencia Artificial puede acabar con la imaginación creadora de nuestros pueblos, aunque estén confinados a los llamado cinturones de la pobreza extrema.

¿Estamos ciegos? O seguiremos repitiendo apesadumbrados que “gana la derecha ultra” en todas partes, mientras vemos a algunas dirigencias políticas inmovilizadas, y los pueblos salen a las calles por su cuenta y riesgo. América Latina resiste y muestra la lava hirviente de los volcanes, a los que tantas veces se refirió Fidel. Y si la lava hierve el volcán no está muerto, dialéctica más simple es imposible, como los ejemplos que dan Fidel y sus metáforas ardientes de resistencias y ofensivas.

Como alguna vez escuché decir al Comandante que “sobrevivir en las condiciones en que viven millones de latinoamericanos”, privados de sus derechos esenciales, era y es “un enorme acto de imaginación, del que muchos deberíamos aprender”, reclamo que creo vale para la intelectualidad toda.

Y más aún recordaba Fidel que el comandante Ernesto Che Guevara le confesó que había aprendido y aprehendido más de lo que vivió desde el momento en que montado en su bicicleta y luego en su moto “la poderosa” anduvo por caminos perdidos para conocer a los pueblos de los diferentes países con los que convivió y compartió los panes de la pobreza.

Esas pequeñas pero grandes realidades que alimentaban tanto a Fidel para sus análisis teóricos que nos abrieron hasta límites infinitos los senderos de la liberación, como un acto de creación único y posible, hasta alcanzar la dignidad humana que siempre resulta invencible. Fidel que alguna vez dijo que el repartir de los panes del cristianismo era simplemente repartir amor.

Fidel y Cuba son lo mismo y están en la historia de la humanidad, como un suceso único, un   pueblo invencible, sitiado en un acto de guerra, como el bloqueo durante más de seis décadas que hasta elige morir para vivir en la eternidad de la dignidad y el amor.

Para recordar a Fidel elijo aquella frase de José Martí “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” que al comandante le encantaba, porque sabía lo que era la gloria y porque amaba la humildad humana y la verdad, aunque doliera profundamente. Amaba la sinceridad, la palabra justa, el coraje de decirla ante quien sea.

También atesoró la experiencia viva, esas voces olvidadas, las músicas que los pueblos guardan en sus memorias para siempre. Y recordaba más de una vez la tenacidad de sobrevivencia de un pueblo sometido y abandonado a su suerte como el haitiano, que siempre estaba en su memoria y cuya revolución de esclavos en el siglo XIX marcó la historia de Nuestra América.

Y cómo no recordar a Alexandre Pétion, primer presidente de la Republica de Haití 1806- 1818 quien luchó junto a Toussaint Lourverture y Jean -Jaques Dessalines contra el ejército colonial de Francia, en la rebelión de esclavos africanos, que produjeron la primera Revolución del siglo XIX en Nuestra América.

Una revolución que es un largo e interminable poema, y que además une esos tiempos con los actuales. Pétion recibiendo al libertador general   Simón Bolívar cuando había caído la segunda República en Venezuela.  Ese mismo Pétion que repartió las tierras de los terratenientes franceses entre los campesinos y que con Bolívar pactaron la liberación de la esclavitud en Nuestra América y que le entregó armas y ayuda económica. Imaginemos el espíritu de la solidaridad de un pueblo tan castigado como el haitiano, ayudando a la lucha emancipatoria de Nuestra América.

Les parecerá desubicado a algunos que diga esto, pero estoy segura que Fidel me acompañaría en mi intención de buscar historias de vida vivas para la eternidad. Y en estos momentos como nunca antes debemos recurrir a lo mejor y lo más hermoso de nuestra memoria histórica porque emociona, conmueve a los pueblos y alienta su espíritu de lucha justa. La Revolución Haitiana debería ser hoy la memoria viva, como lo ha sido siempre la Revolución Cubana en el siglo XX y lo que va del XXI.

Cada revolución, cada lucha por justicia e igualdad termina desnudando la verdadera cara, el rostro ajado y miserable de los imperios de ayer, de hoy y de siempre, que presumen de ser los más civilizados y cultos países del mundo.

Nada ni nadie puede doblegar la memoria de los pueblos, ni sus grabados en piedras que cuentan historias que no pueden ser borradas, ni sus culturas pudieron ser desaparecidas, porque sobrevivieron con ellos pueblos desterrados, humillados, invisibles para los poderosos que hasta negaban su condición humana. Pero obstinadamente ellos tejen y laboran sus rastros culturales, sus comidas, músicas, sus historias cotidianas y hoy como nunca antes han sido reconocidas.

¿Por qué traer hoy estos recuerdos, recobrar los ecos de esa memoria en pleno siglo XXI en pleno auge de la “modernidad”? porque como advirtió Fidel y advierte la dirigencia revolucionaria y el pueblo cubano hoy nos quieren hacer retroceder más de un siglo atrás. Y porque Cuba es la memoria viva de los más bello de la historia de la solidaridad mundial.

Cuba es Cuba, porque en ningún momento de su vida revolucionaria o de su proceso de liberación del imperio español dejó morir la memoria histórica del Caribe. Lo digo con la total certeza de que no hay texto académico que ilumine como es la llaneza extraordinaria de la memoria histórica y esto lo repetía Fidel una y otra vez. 

Además explica por qué el escepticismo y el pesimismo no existió ni existe en los mensajes de Fidel ni de la dirigencia cubana, cuya diplomacia no sólo es otro ejemplo para el mundo, que le ha permitido sobrevivir ante semejante enemigo, y más aún en estos momentos en que la que agita como propia el imperio decadente no tiene la más mínima credibilidad ni consistencia, y ha quedado en manos de extorsionadores seriales.   

Ni el odio ni la venganza caben en el mundo cotidiano del pueblo cubano, ni figuran en los discursos del comandante y de ningún dirigente revolucionario. Los discursos de Fidel eran y son cátedras vivas, iluminantes, con un lenguaje comprensible para todos, que ni el más humilde poblador del mundo necesitaba ni necesita que le traduzcan.

Medité mucho estos días, ante la imposibilidad de viajar y hasta de escribir en algunos momentos, porque esa es mi realidad actual, pensando en qué necesitaba decir ante este aniversario tan estremecedor para todos, sin imposición ni atadura alguna y la respuesta la encontré en uno de los tantos momentos en que solíamos hablar con el comandante Fidel Castro durante algunas actividades, sentados uno junto al otro.

El comandante quería saber todo de la vida cotidiana de los pueblos, de las diferentes culturas del día a día y los reclamos populares que recogía en mi andariega vida de periodista y en distintas circunstancias, incluso de las guerras de liberación.

Y cuando Fidel decía pueblo, no era una palabra vacía. Se refería al “mero mero” pueblo como dicen nuestros hermanos mexicanos, porque le encantaban esas narraciones sencillas, que eran para mí la verdadera poesía de la verdad que quería compartir en mi tarea periodística.

Me sorprendió que desde entonces siempre quería escuchar la versión periodística ajustada a las más duras y bellas realidades que compartí en distintos países. No es mi propósito contar anécdotas personales de aquellos tiempos, pero sí agradecer que el mayor reconocimiento que recibí como periodista fue el del Comandante Fidel Castro Ruz, especialmente en el tema de la Operación Cóndor.

Para una trashumante del periodismo y la poesía como yo, imperfecta en todo, menos en mi devoción por la verdad y por la liberación de los pueblos del mundo, la justicia y la dignidad humana, transformarme en relatora de hechos de la historia, que al comandante le gustaban como narración, fue lo más hermoso en mi vida de Trabajadora de la Cultura,

Para el Comandante Fidel Castro la historia sería más diáfana, precisa, verdadera y accesible a los pueblos del mundo si se la contara como una narración, como una crónica de su tiempo. Lo sabe muy bien el querido Abel Prieto, que tan cercanamente lo acompañó, ex Ministro de Cultura y hoy presidente de Casa de las Américas, cuya irradiación cultural hacia Nuestra América y el Mundo sigue desafiando todas las tempestades.

Si algo preocupaba al comandante era ir a fondo de la verdad, la realidad que surgía de la dialéctica de la vida cotidiana de los pueblos, que eran y siguen siendo aún las voces anónimas.

El pueblo de Cuba sabe de lo que se trata porque la dirigencia revolucionaria mantiene viva la llama y el legado de Fidel, comunicando en forma permanente y democrática, en la mejor acepción de esta palabra, que es lo que prepara el enemigo para estos nuevos tiempos.

Por esa razón hoy sorprende al mundo que se estén realizando tantos y extraordinarios actos para conmemorar el centenario del nacimiento de Fidel este 13 de agosto y que los poderosos no hayan podido detener la llegada de ayuda humanitaria a Cuba, gracias a los más creativos recursos de millones y anónimos solidarios en el mundo. 

La amada Cuba vive la amenaza más grave de su historia llevada hasta límites inconcebibles, pero para ese enemigo que va perdiendo poder en el mundo, aunque parezca lo contrario y sin desestimar su peligro, la dirigencia y el pueblo siguen resistiendo en condiciones en que ningún país podría hacerlo y menos aún como sucede en una isla pequeña del Caribe, situada a 90 millas de la costa de la mayor potencia imperial mundial, que mantiene la guerra por todos los medios a su alcance.

Sólo quisiera que de este encuentro solidario, que suma emociones una tras otras y que es un ejemplo en un mundo al que se quiere imponer la mediocridad, el odio, la muerte sobre la vida como el genocidio y exterminio del pueblo palestino, sometido desde 1948 hasta hoy a una injusticia mundial de una crueldad inusitada, obligándolo  a abandonar su tierra a una colonización día a día, que llaman asentamiento cínicamente, no sólo violando toda legislación internacional, también todas hasta las mínimas leyes de la humanidad como tal.

Y más grave aún utilizar a las víctimas del holocausto nazi del siglo XX como una justificación para cometer los crímenes más atroces en este siglo en su nombre, es de una amoralidad y crueldad que ya no puede continuar aceptando el mundo ni un día más.

Y como esto ninguna guerra imperial que amenaza con la supervivencia humana como los denunciaba el Comandante Fidel Castro con todas las pruebas necesarias. No más Gaza, no más genocidios como lo es el lento y feroz que se aplica contra el pueblo cubano, no al exterminio de los pueblos. No al laboratorio de torturas en que convirtió Estados Unidos a la base militar que mantiene ilegalmente en territorio cubano de Guantánamo.

 América Latina y todos los pueblos del mundo necesitan vivir un siglo de las luces con independencia, soberanía y libertad real, como sólo puede ser sin dominación imperial alguna.

Estamos dando un ejemplo de solidaridad y amor al mundo, y en estos momentos este encuentro en Cuba, debe ayudar a que todas las redes y movimientos den pasos hacia las nuevas tareas que hay que asumir, porque estamos bajo una guerra no declarada por todos los medios posibles, entre ellos los militares, que no es sólo una “operación”.

No nos permitamos evaluaciones equivocadas ni palabrerías rimbombantes, ni justificaciones a traiciones y concesión alguna. “Ni un tantito así “como diría el Che.

Cuba nos ha dado siempre las palabras justas y necesarias. Seamos fieles a nuestros pueblos. Ocupemos dignamente la trinchera, sea la que sea, como corresponde hacerlo cuando nos quieren robar nuestra soberanía y nuestro futuro, el de Nuestra América Unida y liberada. Este es el mejor homenaje que podemos hacer al Comandante Fidel Castro Ruz y a los pueblos como el cubano y los que en otros lugares del mundo se juegan la vida día a día por la dignidad humana.

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