Nuevos capítulos de la permanente guerra cultural contra Cuba

La guerra cultural, como se ha dicho, no es nueva, como tampoco lo es la crisis multidimensional, estructural y sistémica del capitalismo: por eso mismo es que se agudizan los ataques contra cualquier sistema de gobierno que no contribuya a sostener su imaginario liberal basado en el individualismo de unos pocos.

CAPAC- Tomado de Misión Verdad/ Foto: Archivo New York Times. 

Más del 70% de la población cubana ha nacido bajo el bloqueo de Estados Unidos, único de su tipo en el mundo por su duración, pero también por la capacidad del pueblo para resistir y sortear una agresión continua. Ello ha moldeado el ser y hacer de la sociedad cubana.

Desde el Norte Global se ha tomado nota de lo ocurrido sobre las costumbres, cotidianidad, modos de vida, conductas, percepciones, creaciones y otros elementos de su cultura, también la interacción de ellos con los nuevos elementos comunicacionales centrados en internet y redes sociales.

Es por ello que aparece el Movimiento San Isidro (MSI) en la escena política cubana, desde que el gobierno de ese país publicara, en julio de 2018, el decreto 349/2018 que regula la actividad artística, asociaciones de artistas cubanos han reaccionado al respecto. El instrumento legal entraría en vigencia el 7 de diciembre, pero fue criticado por figuras que apoyan al gobierno revolucionario, como Silvio Rodríguez, y recibió fuerte oposición de otros artistas, entre los que se cuentan algunos que participan del mercado artístico global.

Las protestas contra el decreto, algunas que incluyeron acciones violentas y desestabilizadoras, ocasionaron detenciones a personas vinculadas al MSI que buscaron escalar un conflicto mayor antes que dialogar, aun cuando fueron liberados. También ha generado debates y diversos encuentros entre autoridades y sectores de la cultura, por lo que el gobierno decidió suspender y estudiar aclaraciones al mismo.

Nuevo round para atizar el conflicto permanente

La campaña del MSI ha buscado involucrar a quienes apoyan críticamente el nuevo estatuto y generar polémica entre activistas y profesionales de la cultura, apoyados por la Embajada de Estados Unidos en La Habana que, en su momento, tuiteó a favor de la «libertad artística», con un lema muy poco diplomático: «No al Decreto 349». Además, los operadores de la sede diplomática han opinado respecto a detenciones e incidentes a coro con la prensa cartelizada que su mismo gobierno financia.

Los miembros del MSI han estado protestando por el arresto el 9 de noviembre de 2020 del rapero Denis Solís, un miembro que recibió una sentencia de ocho meses de cárcel por agresión a un oficial de policía. Desde entonces han derivado a llamados a la protesta para exigir la liberación de Solís y libertad de expresión (o de ser publicitados).

El pasado 27 de enero, a tres meses de los sucesos ocurridos en el mismo sitio, habían sido convocadas tres personas vinculadas a los hechos de noviembre pasado para un espacio de diálogo; sin embargo, un grupo de 30 personas aproximadamente se concentró frente al Mincult (Ministerio de la Cultura cubano) con el supuesto objetivo de protestar contra varias detenciones ocurridas ese día y fueron convocadas a dialogar en el lugar por el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, a lo cual el grupo se negó.

Posteriormente, el mismo ministro de Cultura, Alpidio Alonso, se presentó en la concentración y, luego de que uno de los manifestantes le acercara el teléfono celular a la cara, le arrancó el dispositivo de las manos. Ello sirvió como excusa para detonar el acostumbrado espectáculo mediático al que se sumó una red de medios digitales difundiendo el relato de una «arremetida violenta contra los jóvenes que se manifestaban de forma pacífica frente a la sede de la institución».

El Presidente cubano Miguel Díaz-Canel denunció las acciones promovidas contra funcionarios y entidades del Estado, en una actuación que apunta a provocaciones en un entorno donde el país se enfrenta a la política hostil del bloqueo.

Sincronizadamente en Miami, la sucursal del MSI en esa ciudad se manifestó a favor de los detenidos y los supuestos agredidos. Como es sabido, los hechos de noviembre tuvieron revuelo mediático debido a que algunos miembros del MSI protagonizaron una huelga de hambre al reclamar la libertad de Solís.

La novedad, que no lo es tanta, es que se circunscriba la polémica en torno al MINCULT; ello da una idea de la agenda en curso. No se trata solo de irrumpir ante una decisión legal, sino de negar el diálogo ofrecido en múltiples ocasiones para atizar el conflicto permanente, las transmisiones en vivo hacia redes sociales como Facebook Live evidencian que la motivación ha sido esencialmente mediática. Así también lo demuestra el tuit de la Embajada de Estados Unidos en Cuba:

El 29 de enero, medios como Cibercuba publicaban sobre la supuesta detención de los raperos Maykel Osorbo y Omar Mena del MSI al salir de sus casas en La Habana y Santa Clara, respectivamente. Además, referían que también había sido detenido el activista y artista independiente Luis Manuel Otero Alcántara cuando se dirigía a manifestarse al Capitolio.

También hubo denuncias de la detención del rapero Maykel Castillo, integrante del MSI a la salida de su vivienda, y del artista Yasser Castellanos frente a la escalera del Capitolio. Esos mismos medios reportaron que los detenidos fueron liberados a las horas siguientes; sin embargo, la narrativa victimizadora persiste como parte de una operación psicológica.

El 2 de febrero un reportero del sitio ADN Cuba, administrado desde Estados Unidos, reconocía en un video, que circuló por las redes, haber recibido entre 150 y 200 dólares para cubrir el suceso.

Los derechos humanos de los llamados «activistas» son insistentemente defendidos por Cubalex, una ONG que funciona con fondos provenientes de la National Endowment of Democracy (NED) y que en Cuba tiene como vocera a Tania Bruguera, quien ha llamado, junto a otros del MSI, a tomar el Capitolio de La Habana como la reciente incursión en Washington.

¿Quién quiere ser mercenario? El negocio de los fondos

La articulación viral que busca mostrar ante el mundo un clima de ingobernabilidad en Cuba y dar señales tanto a la nueva administración Biden como a sus aliados, también pretende imponer una narrativa acerca de un oscurantismo incurable en la Revolución Cubana, y, a lo interno, generar un clima de desconfianza y descrédito hacia la institucionalidad.

En 2013, un informe publicado por la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO, por sus siglas en inglés) reportó que la administración Obama impulsó una red social equivalnte a Twitter llamada “Zunzuneo” que pretendía construir una audiencia cubana, en su mayoría jóvenes, que luego sería inducida hacia la disidencia. Así lo admitió también el entonces administrador de la USAID, Rajiv Shah.

En junio de 2017, el expresidente Trump reforzó el ataque a políticos, periodistas y artistas alineados a la soberanía cubana creando la “Fuerza de tarea en internet” por vía de un memorando presidencial. Dicho ente contrata netcenters (manejadores de bots), cibermercenarios y youtubers articulados con el cartel de medios creados, organizados y pagados por Washington.

Cuentas madres generan mensajes de odio y percepciones negativas que son replicados en la red de medios «independientes» y redes sociales, usualmente utilizan a gente con cierto reconocimiento o popularidad, que pretenden ser periodistas o líderes de opinión, por lo que sus palabras se dan como verdaderas, aunque no lo sean.

Se trata de influencers con tendencias hipercríticas, creados para generar empatías y tendencias ideológicas en miles de seguidores. Otro elemento utilizado es el conocido como hater, se trata del usuario que se expresa con hostilidad, reproduce discursos de odio sobre personas, grupos específicos de la población o sobre un tema.

En un artículo para Cuba Money Project titulado «El negocio de la democracia en Cuba está en auge«, el periodista Tracey Eaton ha señalado el financiamiento disimulado de múltiples formas a decenas de grupos a través de agencias, empresas y organizaciones que casi nunca son transparentes en el manejo de sus fondos. El patrocinio de acciones que persiguen la subversión y el golpe de Estado superó los 249,5 millones en las últimas dos décadas.

Solo en 2020, un reporte basado en la información pública que manejan agencias como la USAID en sus portales digitales estima en 2,5 millones de dólares la suma para financiar iniciativas subversivas. Se trata de una cifra parcial, pues «algunos programas son tan secretos que nunca se revelan los destinatarios de los fondos», explica Eaton.

El periodista asegura además que al menos 54 grupos operaron programas en la isla con dinero proveniente de la USAID o de la NED desde 2017, coincidiendo con la llegada a la presidencia de Donald Trump.

Mientras crecía el interés en el MSI, el 24 de noviembre el Departamento de Estado estadounidense ofreció hasta 1 millón de dólares para programas que aumentarían «los derechos civiles, políticos, religiosos y laborales en Cuba».

Los funcionarios buscaban propuestas que «fortalezcan la capacidad de los grupos independientes de la sociedad civil en Cuba para promover los derechos civiles y políticos en la isla y aumentar la responsabilidad de los funcionarios cubanos por violaciones de derechos humanos y corrupción».

Sin embargo, Eaton muestra solo una capa de un negocio extremadamente rentable, pues agencias y gobierno de Estados Unidos informan tener contratistas «no revelados», a los que también va a parar una parte de los fondos para un cambio de régimen en Cuba.

Para recibir de modo expedito los financiamientos, medios anticastristas como El Toque, mediante el colectivo Más, radicado en Polonia, o El Estornudo, creado en Cuba y luego legalizado en México, se han registrado en otros países como ONG.

En el caso ZunZuneo se crearon empresas de fachada en España y las Islas Caimán desde 2009 para ocultar el rastro del dinero, y contrataron a directores generales sin decirles que iban a trabajar en un proyecto financiado por los contribuyentes estadounidenses. Los 1,6 millones de dólares gastados aparecían públicamente destinados a un proyecto no especificado en Pakistán, pero esos documentos no revelan dónde se gastaron realmente los fondos.

Yazmín Vázquez Ortiz, del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, explicó que el financiamiento, la capacitación y la asistencia técnica son pilares, a partir de los cuales se aprovechan las condiciones que existan en las sociedades que puedan ser objeto de intervención, para promover movimientos de resistencia que puedan fomentar el cambio que quiere Estados Unidos.

La subdirectora de ese mismo Centro, Olga Rosa González Martín, destacó que al funcionar como una organización privada reciben fondos privados, puede ser de cualquier individuo, de cualquier corporación a nivel internacional, lo que hace más difícil poder vincular a una entidad con un gobierno específico, y con los objetivos de política exterior de este en un país determinado.

El Instituto de Periodismo de Paz y Guerra, Factual, Distintas Latitudes, Fundación Sueca de Derechos Humanos, Editorial Hipermedia, Diario de Cuba, Cubanet, la Universidad Sergio Arboleda, y muchos más, funcionan como contratistas de estos proyectos mercenarios de prensa. Como estrategia seleccionan a sus futuros líderes, los capacitan, premian, financian, estimulan, visibilizan, aglutinan, empoderan, orientan y les dan espacios y tribunas.

La penetración de internet ha apuntalado esta faceta de la guerra cultural que no es nueva mientras las fuentes públicas de información del propio gobierno estadounidense muestran el incremento de fondos durante los últimos años, a la par que el Estado cubano experimenta transformaciones en su modelo económico y social.

En enero pasado el MSI fue nominado al Premio Freemuse a la Libertad de Expresión Artística 2021 por la fundación CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), entidad de derecha con sede en Argentina y Uruguay que se autopercibe como «una voz clara y constante en la promoción de la democracia, el fortalecimiento de las instituciones y el progreso económico y social de América Latina«, y recibe fondos de la Fundación Ford y la Fundación Atlas.

La nominación a los «artivistas» se debe a «su innovadora labor y gran esfuerzo haciendo frente a las medidas coercitivas (!) del gobierno cubano».

En 2011, la NED publicó en su página oficial que le aportó a Cadal 60 mil dólares y, hasta 2012, nueve de los 16 libros que había publicado en sociedad con distintas fundaciones y editoriales trataban sobre temas cubanos.

Ha sido denunciada en ese país por ser una organización financiada por la Fundación Nacional por la Democracia, que a su vez ha sido financiada por la CIA, y entablaron la lucha «anticomunista» junto a la Fundación Libertad, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), la Fundación Vital Voice, la Fundación Pensar, la Fundación Creer y Crecer y varios de los referentes de la política regional, como Mauricio Macri, Laura Alonso y Patricia Burllich.

Imaginarios y valores como botín de la guerra cultural y permanente

La guerra cultural, como se ha dicho, no es nueva, como tampoco lo es la crisis multidimensional, estructural y sistémica del capitalismo: por eso mismo es que se agudizan los ataques contra cualquier sistema de gobierno que no contribuya a sostener su imaginario liberal basado en el individualismo de unos pocos.

La maquinaria de difusión de valores políticos y culturales de Estados Unidos no toma en cuenta el respeto a la soberanía de las naciones y la diversidad cultural de los pueblos; más allá de la sola influencia, practica la injerencia encubierta y abierta en los asuntos internos de otros estados.

El debate no se circunscribe a lo que hacen u opinan un grupo de artistas, ni siquiera a la violencia que generan o buscan generar. Hay elementos más densos que buscan cambiar la manera de pensar de los ciudadanos, de crear una masa acrítica de personas que no crea o trabaje para revolución alguna, y nada más útil que la cultura como espectro de cambio de valores.

Son elocuentes las mismas declaraciones de Bruguera en diversas ocasiones: el arte «para intentar nuevas estructuras políticas» (2005), «un medio para otras cosas» (2008). En la lógica de estos operadores no existen restricciones culturales en Estados Unidos como las hay en Cuba, lo transmiten obviando el episodio de Trump en contra de la app TikTok de origen chino o la discriminación contra los periodistas rusos en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia.

El insistente y costoso esfuerzo de Estados Unidos por presentarse como el modelo cultural para el mundo, así como desea serlo en lo social, lo económico y lo político, es parte de un negocio, pero también de una guerra. Se basa en la noción de que la cultura es mercancía y, por ende, lo que vende es lo que se promueve, es decir, si las élites pueden comercializar con éxito la banalidad, el sexo y la violencia, entonces que así sea. La ganancia es el criterio rector.

Todo esto quedó claro cuando, en 2005, Estados Unidos e Israel equipararon la libertad de creación con el libre mercado en el arte. Ese año, en París, la Unesco adoptó el Convenio sobre la Diversidad Cultural que establece que la cultura no es una mercancía más, y otorga a los Estados el derecho soberano de impulsar y proteger su producción cultural, material e inmaterial contra toda medida que consideren una amenaza.

El texto fue aprobado por 148 votos a favor y 2 en contra: estos últimos fueron de Estados Unidos e Israel, cuyos delegados argumentaron que promover la verdadera diversidad cultural se trata de luchar por las libertades individuales para que todos puedan tener «libertad cultural» y «disfrutar de sus propias expresiones culturales y no de las impuestas por los gobiernos».

Elier Ramírez Cañedo, del medio Granma, opina que el modelo del Norte Global impone el mercado capitalista como norma primordial para los artistas, por lo cual ese gobierno no solo protege la economía de mercado hacia lo interno, sino que se opone al derecho soberano de otros países a proteger su cultura tradicional.

La promoción estadounidense de la «democracia», la «libertad de expresión» y los «derechos individuales» es tan abarcadora que incluye la cuestión cultural, y está catalogada como uno de los objetivos de dicha financiación.

Nunca se dirá que se trata de embestidas colonizadoras de la industria hegemónica global, con proyectos específicos de guerra cultural diseñados, financiados e implementados tanto para el dominio de las sociedades en lo afectivo y cognitivo como para imponer y estandarizar con sus valores a determinados grupos y naciones.

Un punto crítico es la historia: cuanto más se pueda manipular, tergiversar el pasado y atacar sus bases más sensibles y simbólicas, mejor se podrá barrer con el ejemplo de procesos revolucionarios como los ocurridos en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

En su libro La CIA y la guerra fría cultural, la investigadora Frances Stonor Saunders discute cómo la cultura fue un arma fundamental durante la Guerra Fría en contra de las experiencias socialistas del este de Europa. Describe que: «Un rasgo importante de las acciones emprendidas por la Agencia para movilizar la cultura como arma de la Guerra Fría era la sistemática organización de una red de «grupos» privados y «amigos», dentro de un oficioso consorcio. Se trataba de una coalición de tipo empresarial de fundaciones filantrópicas, empresas y otras instituciones e individuos que trabajaban codo a codo con la CIA, como tapadera y como vía de financiación de sus programas secretos en Europa occidental».

Se trata de un concepto que, entendido como sistema, integra o se relaciona con elementos de otros términos que han sido de mayor uso como el de guerra política, guerra psicológica, guerra de cuarta generación, smart power, golpe blando, guerra no convencional y subversión política-ideológica.

El Libro Blanco del Comando de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos de marzo de 2015 bajo el título Apoyo de las Fuerzas de Operaciones Especiales a la Guerra Política plantea que ese país debe retomar la idea de George F. Kennan, un estratega estadounidense contra la Unión Soviética y arquitecto de la política de «contención frente al comunismo» en el Departamento de Estado.

Su planteamiento parte de la necesidad de superar la limitante del concepto que establece una diferencia básica entre guerra y paz, en un escenario internacional donde existe un «perpetuo ritmo de lucha dentro y fuera de la guerra». Es decir, que la guerra es permanente (por ello el conflicto permanente del MSI y otros muchos grupos financiados por el Norte), aunque adopta múltiples facetas y no puede limitarse al uso de los recursos militares.

De hecho, el documento expresa que se puede hacer la guerra sin haberla declarado, e incluso hacer la guerra al tiempo que se declara la paz.

Agrega: «El objetivo final de la Guerra Política es ganar la «Guerra de Ideas, que no está asociada con las hostilidades». La Guerra Política requiere de la cooperación de los servicios armados, diplomacia agresiva, guerra económica y las agencias subversivas en el terreno, en la promoción de tales políticas, medidas o acciones necesarias para irrumpir o fabricar moral».

El ideólogo Zbigniew Brzezinski fue asesor para Asuntos de Seguridad Nacional del expresidente Jimmy Carter, en su obra El Gran Tablero Mundial, expresaba: «La dominación cultural ha sido una faceta infravalorada del poder global estadounidense. Piénsese lo que se piense acerca de sus valores estéticos, la cultura de masas estadounidense ejerce un atractivo magnético, especialmente sobre la juventud del planeta. Puede que esa atracción se derive de la cualidad hedonista del estilo de vida que proyecta, pero su atractivo global es innegable. Los programas de televisión y las películas estadounidenses representan alrededor de las tres cuartas partes del mercado global. La música popular estadounidense es igualmente dominante, en tanto las novedades, los hábitos alimenticios e incluso las vestimentas estadounidenses son cada vez más imitados en todo el mundo. La lengua de Internet es el inglés, y una abrumadora proporción de las conversaciones globales a través de ordenador se originan también en los Estados Unidos, lo que influencia los contenidos de la conversación global».

Se busca sacar rédito de un intento de zarpazo dado durante los hechos del 27 de noviembre de 2020, cada vez queda más claro que no fue un movimiento espontáneo y que su dirección y sentido hacia un golpe blando llevan a forzar constantemente escenarios de tensión que desencadenen situaciones de conflicto.

Además de posicionar este tipo de hechos se busca desgastar la narrativa oficial en largas explicaciones y respuestas que legitimen simbólicamente a nuevos rostros insertos en operaciones que sean «un medio para otras cosas».

La institucionalidad cultural cubana es cabeza de playa en esa estrategia cuyo fondo es despojarla de sentido progresivamente. Desde allí se busca irradiar un relato de crisis al resto del Estado para forzar ríos revueltos, escaladas de caos y espirales de violencia.