La guerra de todo el pueblo y la debilidad de Guantánamo
La llegada de Hegseth a Guantánamo obliga a Cuba a mantenerse en máxima alerta defensiva. No porque el ataque sea inminente esta noche o mañana, sino porque el imperio está mostrando sus cartas. La debilidad de Guantánamo.
CAPAC
El Secretario de Guerra de Estados Unidos aterrizó en Guantánamo y con él, la sombra de una escalada militar contra Cuba.
En la mañana de este miércoles, y sin hacer ruido en los grandes titulares de la prensa occidental, Pete Hegseth el hombre que dirige la maquinaria de guerra del Pentágono pisó la Base Naval de Guantánamo. Ese pedazo de tierra cubana que Estados Unidos ocupa por la fuerza desde 1903, y que ningún tratado bilateral, ninguna resolución internacional ni siquiera las recurrentes condenas de la Asamblea General de la ONU y ninguna lógica de derecho ha logrado devolver a su legítimo dueño.
No hay protocolo que justifique esta visita. Hay estrategia. Y hay provocación.
¿Qué significa para Cuba?
Para Cuba, esta visita es una confirmación: la Amenaza militar que denuncian diariamente las autoridades revolucionarias no es una frase hecha ni una herramienta de movilización ideológica. Es un hecho concreto, verificable, que ahora tiene un rostro y una agenda.
La llegada de Hegseth a Guantánamo obliga a Cuba a mantenerse en máxima alerta defensiva. No porque el ataque sea inminente esta noche o mañana, sino porque el imperio está mostrando sus cartas. Y cuando el imperio muestra sus cartas, el pueblo cubano sabe lo que viene: presión, asfixia, provocación y, si las condiciones le favorecen, golpe.
Cuba está alerta. El mundo debe saberlo.
La Presa Yateras (oficialmente conocida como el Embalse Nuevo Mundo), ubicada en el municipio de El Salvador, en la provincia de Guantánamo.
Este embalse retiene millones de metros cúbicos de agua y, debido a la topografía de la región, la corriente natural del río Yateras corre hacia el sur, precisamente en dirección a la bahía de Guantánamo, donde se asienta la Base Naval de los Estados Unidos.

Históricamente, la seguridad de esta presa ha sido un tema de gran importancia estratégica y militar por varias razones:
Capacidad e Impacto: Un colapso o una rotura deliberada de la cortina de la presa liberaría una masa de agua colosal que bajaría con gran fuerza por la cuenca, inundando las zonas bajas de la región y afectando directamente las instalaciones de la base militar estadounidense.
Guerra Convencional
Si en un escenario de guerra convencional Cuba decidiera destruir intencionadamente la Presa Nuevo Mundo (Yateras), la liberación repentina de sus 141 millones de metros cúbicos de agua provocaría un impacto masivo en la Base Naval de Guantánamo.
Debido a la topografía de la zona, el agua bajaría canalizada y a gran velocidad por la cuenca del río, arrasando las zonas bajas antes de desembocar en la bahía.
Un desastre de esta magnitud afectaría de forma crítica la logística operativa y la capacidad de combate de la base de las siguientes maneras:
1. Impacto Crítico en la Logística Operativa
Destrucción de la Infraestructura de Muelles y Puertos: La base naval depende absolutamente de sus muelles para recibir suministros, combustible, municiones y tropas. Una masa de agua de millones de toneladas golpeando la bahía arrastraría escombros pesados, destruiría las instalaciones de atraque y generaría fuertes corrientes internas que imposibilitarían el anclaje de barcos durante días o semanas.
Inutilización de las Pistas de Aterrizaje: El aeródromo de la base (Leeward Point) está ubicado en zonas llanas y muy próximas a la costa de la bahía. La inundación cubriría las pistas de agua y escombros, anulando el puente aéreo (aviones de transporte C-17 o C-5) que es vital para reabastecer la base de manera urgente.
Contaminación y Pérdida de Suministros Básicos: El agua salada y el lodo destruirían los almacenes de víveres a nivel de suelo. Además, comprometería gravemente las plantas desalinizadoras de la base, dejando a las tropas sin agua potable local y forzándolas a depender de reservas embotelladas.
2. Degradación de la Capacidad de Combate
Pérdida de Movilidad Terrestre: Toda el área circundante a la bahía y las carreteras internas de la base quedarían anegadas por un lodo denso. Los vehículos blindados pesados y de transporte logístico quedarían empantanados, fracturando las líneas de defensa perimetral.
Inundación de las Defensas Perimetrales: Las fortificaciones, trincheras, sensores electrónicos y campos minados defensivos que separan la base del territorio cubano quedarían sumergidos o inutilizados bajo el agua y el fango, abriendo brechas tácticas en la seguridad física de la instalación.
Saturación del Mando y Control: En las primeras horas, el 100% de los esfuerzos militares norteamericanos tendrían que desviarse de las operaciones ofensivas o defensivas para centrarse en labores de búsqueda, rescate y mitigación del desastre. La confusión y la necesidad de evacuar personal neutralizarían la capacidad de coordinar un contraataque inmediato.
Si Cuba se está respondiendo a una invasión militar a gran escala por parte de Estados Unidos, la lógica militar y las reglas del conflicto cambian por completo. En un escenario de supervivencia nacional, donde un país enfrenta una fuerza abrumadoramente superior que intenta ocupar su territorio, los planificadores militares aplican la doctrina de la «guerra de todo el pueblo» y el uso de todos los recursos disponibles, sin importar el costo.
Destrucción de la presa
Bajo esa premisa de defensa legítima ante una invasión, la destrucción de la presa y el ataque con misiles se analizarían bajo los siguientes factores tácticos:
1. La Presa como «Multiplicador de Fuerza» Desesperado
En la estrategia militar, cuando un ejército defensor se enfrenta a un enemigo con superioridad tecnológica y numérica, recurre a la denegación de terreno y a la alteración del entorno geográfico (táctica de tierra quemada o inundación táctica, como hizo la Unión Soviética en el Dniéper en 1941 o China en el Río Amarillo en 1938).
Frenar el avance: Destruir la presa Nuevo Mundo ya no se vería como una provocación, sino como un recurso extremo para neutralizar de golpe una de las principales cabezas de playa o puntos de reagrupamiento que los estadounidenses usarían para invadir el oriente del país.
Sacrificio asumido: El mando militar cubano asumiría el terrible costo de las inundaciones en sus propias poblaciones civiles (como Guantánamo o El Salvador) como un daño colateral inevitable en pos de detener el avance invasor y salvar al resto de la nación.
2. El Ataque de Misiles en un Escenario de Invasión
Si Cuba utiliza su artillería de cohetes o misiles mientras la base se inunda, el objetivo táctico ya no sería «ganar una batalla» en Guantánamo, sino retrasar el cronograma de la invasión:
Cada hora que la base permanezca inoperable, inundada y bajo fuego de misiles, es una hora en la que el ejército estadounidense no puede usar sus muelles ni sus pistas para desembarcar tanques, blindados pesados y miles de tropas de refresco.
Esto obligaría al Pentágono a depender exclusivamente de desembarcos anfibios en costas abiertas (mucho más difíciles y expuestos) o de portaaviones, dándole tiempo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y a las milicias para atrincherarse en las zonas montañosas del este cubano (la Sierra Maestra y Nipe-Sagua-Baracoa), preparando una guerra de guerrillas prolongada.
El Desenlace de la Respuesta Invasora
Aunque la respuesta de las tropas norteamericanas dentro de la base de Guantánamo seguiría siendo deficiente e incapaz de reaccionar debido al desastre del agua y el fuego de misiles, la fuerza de invasión global (la que viene de los portaaviones y bases en EE. UU.) no se detendría, pero sí sufriría un grave contratiempo logístico.
En resumen:
En el contexto de defenderse de una invasión, la destrucción de la presa y el uso de misiles se convierte en una maniobra de retardación extrema. Destruye el nodo logístico clave del invasor en el sur de la isla y le cuesta miles de bajas, obligando a Washington a pagar un precio de sangre y tiempo altísimo desde el primer día de la guerra, que es precisamente el objetivo de la doctrina de defensa cubana ante un conflicto asimétrico.

