Falleció Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo, nuestro recuerdo (x Stella Calloni)
Nos impacta la noticia del fallecimiento de Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, (L.F.), con su hijo desaparecido por la AAA durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez (Isabelita) y López Rega. Taty no cesó en buscarlo a Él y a los 30.000, defendiendo Memoria, Verdad y Justicia.
CAPAC – por Stella Calloni
Anochecía este domingo cuando impactó la noticia de la muerte, a los 95 años, de la presidenta de Madres Fundadoras de Plaza de Mayo, Taty Almeida, cuyo nombre era Lydia Estela Uranga de Almeida, quien desde el 17 de junio de 1975 comenzó una heroica y larga lucha, en los tiempos oscuros, cuando los grupos parapoliciales y militares de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) asolaban al país y uno de cuyos comandos secuestró a su hijo Alejandro Almeida y a más de 2 mil militantes, periodistas, sacerdotes y políticos, cuyos cuerpos con señales de terribles torturas aparecieron arrojados en diversos lugares de esta capital y en otros lados, dejando además desaparecidos, como en este caso.
“Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento el último aliento, para decir te quiero”, era el final de un poema escrito por Alejandro para su madre poco antes de su secuestro y desaparición, el que junto con otros textos fueron publicados en un libro de poesías que Taty recuperó.
El joven estudiaba medicina y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo.
Taty Almeida pertenecía a una familia aristocrática de Paraná, provincia de Entre Ríos, la mayoría de ellos militares de alto rango. Su padre era teniente coronel cuando fue trasladado a Buenos Aires, por lo cual su hija estudió en esta capital, “y éramos todos gorilas”, como llaman hasta hoy a los antiperonistas los militantes de ese movimiento de masas, que ahora como Partido Justicialista es el más grande del país.

Su lucha la llevó a un mundo que para ella era desconocido, como me relató en una entrevista que le hice, en el marco de mi investigación sobre los laberintos de la Operación Cóndor.
Sus hijos nacieron en Buenos Aires en pleno gobierno del general Juan Domingo Perón (1946-1955) año este último en el que nació Alejandro, cuando el entonces presidente fue derrocado por un golpe militar del que participaron los familiares de Almeida. “Nunca imaginé que iba a terminar siendo peronista, fui la oveja negra de la familia por ser fiel a mi hijo y a las causas por las cuales él militaba, y entonces digo que él me parió a mí y me dio una nueva vida, aprendiendo asombrada de todos los que me rodearon con amor, y supe que nunca iba a dejar de luchar, dijo, y confesó que el 24 de marzo de 1976, educada en “un mundo en sombras”, creyó que iba a encontrar a su hijo y saber qué había sucedido con él, pero otra vez todas las puertas se cerraron y quedó “solísima”.
Su historia es singular y cuando vio aparecer admirada a las Madres de Plaza de Mayo, tuvo temores de acercarse y contar la historia de su vida entre militares y que pensaran que era una espía, pero un día pudo hacerlo y llegó a la sede donde esas mujeres heroicas libraban una lucha tan desigual, y al fin pudo llorar y hubo brazos que la contuvieron. Desde aquellos momentos se convirtió en una de las militantes más activas de toda causa justa, no sólo de los derechos humanos y de los pueblos del mundo, sino de los derechos políticos y sociales.
Estuvo junto a Néstor y Cristina Fernández de Kirchner en sus presidencias. Fue una de las grandes compañeras de ella, incluso en los últimos momentos, cuando la ex mandataria ya se encontraba en prisión domiciliaria.
Comprender a su hijo la llevó a convertirse en una luchadora antimperialista hasta los últimos momentos de su vida, cuando ya muy afectada de su salud, en silla ruedas, estuvo junto a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, en el acto del 24 de marzo, cuando se cumplieron 50 años del golpe militar que dejó 30 mil desaparecidos, en los que siempre vio el rostro de Alejandro.
“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre/ porque para vos los tres seguimos en él/ si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta/ si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad/ y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir/ quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros”
decía la primera parte del poema de Alejando cuando ya presentía su muerte, porque lo estaban buscando.

