Estruendoso fracaso diplomático de la delegación venezolana en México

En el XXX Seminario Internacional «Los Partidos y una Nueva Sociedad», celebrado en la Ciudad de México bajo los auspicios del Partido del Trabajo, Gustavo Petro cuestionó el destino de la soberanía energética de Venezuela, provocando el descontrol de la delegación oficial venezolana.

CAPAC – por Lois Pérez Leira (*)

​El escenario del XXX Seminario Internacional «Los Partidos y una Nueva Sociedad», celebrado en la Ciudad de México bajo los auspicios del Partido del Trabajo, estaba diseñado para ser una vitrina de unidad e ideas progresistas para la región. Sin embargo, la jornada inaugural se transformó en la escenificación pública del colapso político y discursivo de la delegación oficialista venezolana.

Lo sucedido en el foro de la capital mexicana no fue un simple intercambio acalorado de ideas, sino la constatación de que el relato de la representación enviada por Caracas ha perdido total tracción incluso dentro de los espacios internacionalistas tradicionalmente afines.

​El detonante fue la intervención del expresidente colombiano Gustavo Petro, una figura central de la política latinoamericana cuya palabra suele convocar multitudes e influir en el debate regional. Petro no dudó en abordar frontalmente las contradicciones de la geopolítica actual: arremetió contra la retórica imperialista de Washington y, al mismo tiempo, cuestionó con severidad el destino de la soberanía energética de Venezuela.

Al señalar que los recursos petroleros venezolanos terminaron comprometidos a precio de remate o regalías sin la firmeza soberana necesaria, el exmandatario tocó la fibra más sensible de los voceros del gobierno venezolano presentes en el recinto.

​La respuesta de la delegación oficialista, encabezada por los diputados Jesús Faría y Tania Díaz, no fue la formulación de una tesis política sólida ni la defensa argumentada de su gestión o su modelo económico. Por el contrario, la representación venezolana optó por el descontrol: interrupciones a gritos en pleno escenario, descalificaciones personales y el uso de epítetos desgastados contra el ponente.

El recurso del grito y la confrontación cara a cara evidencia algo más profundo que la simple molestia, pues revela la impotencia de quien se ha quedado sin argumentos ante una izquierda regional que ya no está dispuesta a firmar cheques en blanco. Al intentar silenciar las críticas espetando acusaciones de complicidad y traición, la delegación venezolana exhibió las peores inercias de la intransigencia partidista en un entorno donde se pretendía discutir el futuro de las sociedades democráticas.

​El resultado de la jornada dejó un saldo político devastador para la representación enviada desde Caracas. Lejos de concitar el respaldo automático de la asamblea internacional, la reacción vehemente de Faría y Díaz provocó incomodidad y un claro distanciamiento entre las distintas delegaciones presentes.

El evento en México dejó al descubierto que los voceros de la gestión venezolana ya no encarnan la vanguardia ni la referencia discursiva del progresismo latinoamericano. Al ser confrontados por líderes con verdadero arrastre y legitimidad política, los delegados venezolanos respondieron con el aislamiento y el reproche destructivo.

En definitiva, un foro concebido para articular propuestas internacionales terminó convertido en una muestra palmaria de cómo la comitiva oficial venezolana se atrinchera en la confrontación defensiva ante la mínima interpelación sobre el manejo de sus recursos estratégicos.

El Seminario del PT pasará a la historia no por las proclamas de unidad que solían cerrar estos encuentros, sino por haber sido el lugar donde la delegación venezolana sufrió una dura derrota política: la de descubrir que, incluso entre sus pares internacionales, el grito ya no basta para tapar la realidad.

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​(*) Lois Pérez Leira: Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe

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