Detrás de la firma por la Patria en Cuba
Los cubanos se unen hoy al movimiento «Mi firma por la Patria», el cual refrenda su apoyo mayoritario a la defensa de nuestra paz y le advierte al gobierno estadounidense que mejor no se meta con Cuba.
CAPAC.- tomado de Prensa Latina
Por: Mario Muñoz Lozano
Foto: Abel Rojas Barallobre
Este viernes, el compromiso fue rubricado también por periodistas y trabajadores de la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina en su sede de esta capital, uno más entre tantos actos simbólicos de este tipo realizados en los más disímiles rincones de este archipiélago y en otros lugares del mundo.
Detrás de cada huella dejada en el papel, está la confianza de mucha gente, convencida de que aquí no se aceptarán condiciones que pongan en juego la soberanía del país e impliquen la subordinación a los designios imperiales de Washington.
«La crisis nos está apretando duro, es cierto que se han cometido errores enfrentándola, pero también lo es que el principal culpable de nuestros problemas es Trump (Donald), no hay otro», dijo un señor canoso al que llamaron Roberto, uno de los tantos hombres y mujeres adultos mayores que ayer engrosaban la larga fila del banco para cobrar su jubilación.
El lugar, un pedazo de acera en una céntrica calle habanera, se convirtió en un pequeño laboratorio, en el cual se podía entender el latir de Cuba por estos días, cuando la bravuconería del presidente estadounidense llama a creer cada vez más que una agresión militar desde el imperio del Norte es posible.
O sea, a una existencia bajo el bloqueo económico, comercial y financiero más criminal de la historia por más de 60 años, hoy los cubanos todos, de los más disímiles espectros sociales, políticos y religiosos, viven bajo la amenaza constante de un ataque, de un bombardeo de Estados Unidos, la posible próxima estocada de la impotencia de Trump contra la nación caribeña.
«Bueno, ya veremos qué pasa con Cuba», declaró hace unos días el mandatario norteamericano, luego de una sesión de fotos en la Casa Blanca.
“Quizás hagamos una parada en Cuba cuando terminemos con esto”, expresó, refiriéndose a la posibilidad de atacar al país antillano luego que termine su fracasada guerra contra Irán.
Sin pretenderlo, en sus palabras reconoció una realidad inevitable: «Con Cuba la historia es diferente», dijo, y más adelante se refirió a su compromiso electoral con «muchos cubanoamericanos maravillosos, casi todos los cuales votaron por mí…».
«… tal vez visitemos Cuba después de terminar con esto», reiteró, tratando de enviar un mensaje de supuesta subestimación sobre el conflicto con Teherán que lo puede conducir al último escándalo global de su mandato, el cual le ha tratado numerosos seguidores en el país y de aliados internacionales.
«Trump se embarcó en Irán y necesita un triunfo que lo saque del ridículo que está haciendo», respondió otra señora de la cola que escuchaba a Roberto, mientras limpiaba sus espejuelos y preguntaba por el último entre el grupo de ancianos.
Y continuó: «Somos un pueblo tranquilo, queremos paz, pero aquí se la verán fea aunque tengan las mejores armas del mundo. Es cierto que llevamos muchos años sufriendo apagones, falta de agua, de alimentos, transporte, medicinas; también es verdad que criticamos lo mal hecho, el aumento de los precios, las diferencias entre cubanos… pero está claro que se ha logrado mucho y queda mucho por defender, así que frente a los yanquis aquí no se rinde nadie…».
Clara, así la llamaron, terminó la frase con una mala palabra, una que «traducida» significa que cualquier agresión contra Cuba será respondida por este pueblo bajo los preceptos refrendados en la letra del himno nacional, forjado en las luchas por la independencia y tallado en piedra cual tatuaje en el alma nacional: «No temáis una muerte gloriosa/Que morir por la Patria es vivir».

