Atentado al buque La Coubre: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

El 4 de marzo de 1960, un estruendo descomunal ensombreció a los cubanos. Se trataba del vapor francés La Coubre que, cargado de municiones y armamento, había estallado en el puerto de La Habana por un atentado terrorista. Todo fue confusión, muerte y dolor.

CAPAC – fuente Revista Bohemia

El 4 de marzo de 1960, a los 3 y 15 minutos de la tarde, un estruendo descomunal ensombreció la alegría de los cubanos, afanados en las tareas de la Revolución naciente. Se trataba del vapor francés La Coubre que, cargado de municiones y armamento, había estallado en el puerto de La Habana por un atentado terrorista. Todo fue confusión, muerte y dolor.

Obreros portuarios, uniformados que acudieron en auxilio y gente humilde en general, perecieron o quedaron mutilados. Al día siguiente, en el acto de homenaje póstumo a las víctimas del sabotaje, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, expresó: “Ahora libertad quiere decir algo más todavía. Libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será ¡Patria o Muerte!”.

La frase, desde entonces, se convirtió en símbolo de todo un pueblo. Está arraigada y corre por las venas de los patriotas, de los que no renuncian a sus principios, de los que rechazan cualquier intento de anexionismo.

En estos días de guerra semiótica e ideológica, cuando algunos prestan oídos a los cantos de sirenas pro-imperialistas, y se hacen eco de campañas subversivas orquestadas en redes sociales, la respuesta de la mayoría de los cubanos ha sido una, aquella de Fidel. Pues, nada podrá mellar la historia escrita con sangre.

Y en efecto, hay una ¡Patria y Vida!, pero no en una canción barata, sino en un discurso del propio Fidel ante el grupo de niños que custodiaron la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, a raíz del reclamo del niño Elián González. El 23 de diciembre de 1999, el líder exclamó: “Voy a usar hoy una frase, no definitiva, porque nosotros no debemos renunciar a la idea de Patria o Muerte, ni a la idea de Socialismo o Muerte, y voy a decir, como dijo una joven diputada en la Asamblea Nacional: ¡Patria y Vida! ¡Vida para ustedes es la que queremos!”

Cuba siempre ha abogado por la paz, única forma de concretar sus proyectos “con todos y para el bien de todos”, como promulgara nuestro Héroe Nacional, José Martí. Pero, desde el propio triunfo de la Revolución comenzó una larga lista de actos terroristas que incluye agresiones militares, económicas, biológicas y diplomáticas; así como sabotaje e intentos de magnicidio.

Un total de 681 acciones terroristas contra el pueblo han sido probadas y documentadas. Como consecuencia perecieron 3 478 mujeres, hombres y niños; en tanto, 2 099 cubanos han quedado discapacitados.

De saña terrorista está plagado también el cruel bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos sobre la mayor de las Antillas durante más de 60 años. Esa persecución financiera y agresión económica contra Cuba se ha recrudecido a niveles insospechados, incluso desde que comenzó la pandemia de covid-19.

Ante las limitaciones impuestas para adquirir medicamentos, equipos de salud, materiales y suministros necesarios, el gobierno cubano ha debido buscar vías para dar respuesta oportuna durante la difícil batalla. Muestra del talento creador de sus científicos son los cuatro candidatos vacunales, dos ya en proceso de producción a gran escala. Como guerrera mambisa, Cuba no solo resiste, sino que se empeña en crecer y brinda su apoyo a muchas naciones necesitadas del mundo.

La frase pronunciada por Fidel ante un mar de pueblo enardecido, el 5 de marzo de 1960, ha sido inspiración de lucha durante décadas. Los cubanos no olvidan cómo se forjó su historia desde Céspedes, Maceo, Martí… Tampoco a sus víctimas del terrorismo. Tenemos memoria.

En la esencia de aquel ¡Patria o Muerte! trascendental radica la determinación de un país noble y pequeño que defiende al mayor sacrificio su soberanía, su derecho inalienable a desarrollarse y ser feliz. Es un pueblo pacífico, solidario y trabajador que rechaza las intentonas injerencistas de potencias belicosas y que, si de canciones se trata, sabe entonar alto y claro aquella que evoca: “morir por la patria es vivir”.

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