A 61 años de la Primera Declaración de La Habana

El documento de 1960 se alzó contra las estrategias colonialistas de la época, artimañas políticas y diplomáticas gestadas para ejercer dominación. Los nueve puntos de la Declaración de La Habana tuvieron inmediata repercusión en los movimientos progresistas de América Latina.

CAPAC – fuente TelesurTV

Este 2 de septiembre se conmemoran los 61 años de la Primera Declaración de La Habana, en la cual el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, proclamó al mundo los principios por los cuales su pueblo estaba dispuesto a cumplir la consigna de Patria o Muerte, y su convencimiento de vencer.

Pocas veces en la historia un documento escrito hace seis décadas mantiene vigencia en sus principios, como ocurre con la Primera Declaración de La Habana, aprobada con entusiasmo por más de un millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución el 2 de septiembre de 1960.

 Los nueve puntos de la Declaración de La Habana constituyeron una proclama al mundo de los conceptos rectores de la Revolución, y tuvieron inmediata repercusión en los movimientos progresistas de América Latina.

El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, quien fue el principal abanderado de este histórico documento, manifestó la imperiosa necesidad de alcanzar reivindicaciones sociales, económicas y hasta culturales para el pueblo cubano en primer lugar y en lo sucesivo para los sectores más vulnerables del mundo.

«La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena enérgicamente la intervención abierta y criminal que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de la América Latina», declara la Primera Declaración de La Habana contra el intervencionismo.

En este sentido la Primera Declaración de La Habana, publicada el 2 de septiembre de 1960, preserva hoy día una vigencia que encausa importantes luchas sociales en el mundo entero. La isla de Cuba erigió su nueva Constitución de 2019 sobre las bases de esta declaración.

1. El derecho del campesino a la tierra.

2. Oportunidad del niño y adolescente a la educación libre y gratuita.

3. Asistencia médica primaria y asistencial para los enfermos y la colectividad en general.

4. Manutención, seguridad social y pensión para adultos mayores y personas de la tercera edad.

 «Que no haya enfermo que no tenga atención médica; que no haya niño que no tenga escuela, alimentación y vestido; que no haya joven que no tenga oportunidad de estudiar; que no haya persona que no tenga acceso al estudio, la cultura y el deporte», reza la actual Constitución cubana.

La autodeterminación de los pueblos y el respeto a la independencia

Por otra parte, esta declaración avivó la llama de la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la independencia, además de la autonomía soberana contra los imperios y las intenciones de injerencia coercitiva de EE.UU.

«Esa intervención continuada e históricamente irrebatible, traiciona los ideales independentistas de sus pueblos, borra su soberanía e impide la verdadera solidaridad entre los países americanos», acota.

El documento cubano de 1960 se alzó de manera directa contra las estrategias colonialistas de la época, artimañas políticas y diplomáticas gestadas para ejercer dominación.

La Doctrina Monroe fungió como un plan intervencionista y castrador afianzado en la superioridad militar, como lo define el mencionado documento de la Revolución cubana, «para extender el dominio en América de los imperialistas voraces».

La Primera Declaración de La Habana: Responde el Pueblo Cubano a la Organización de Estados Americanos (OEA)

Condena totalmente la denominada “Declaración de San José de Costa Rica” elaborado por el imperialismo norteamericano violatoria de la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos latinoamericanos.

Condena la intervención que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de América Latina con significativas pérdidas de ricos territorios y algunos de importancia estratégica, todo lo cual conspira contra la solidaridad de esos pueblos.

Rechazo el intento de preservar la Doctrina Monroe utilizada hasta ahora, como lo previera José Martí, “para extender el dominio en América”. Por tanto, se proclama el latino americanismo y la extensión de la amistad hacia el pueblo norteamericano y se reafirma la voluntad de marchar con todo el mundo y no con una parte de él.

Se declara, que la ayuda espontánea de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a Cuba, en el caso de que ésta fuera atacada por fuerzas militares imperialistas, no podrá ser nunca considerada como un acto de intromisión sino de solidaridad y ayuda ante un inminente ataque del Pentágono. Asimismo, se declara ante América y el mundo, que se acepta y agradece el apoyo de los cohetes de la URSS, si el territorio nacional fuera invadido por fuerzas militares de los Estados Unidos.

Total negación a que se haya pretendido por parte de la URSS y la República Popular China (RPCH)  “utilizar la posición económica, política y social de Cuba… para quebrantar  la unidad continental y poner en peligro la unidad del hemisferio”. Al tiempo que se condena la política de aislamiento y hostilidad hacia estos dos países, exaltada por los Estados Unidos e impuesta por éste a los gobiernos de América Latina y la conducta guerrerista y agresiva del gobierno norteamericano, así como su sistemática negativa al ingreso de China a la Organización de las Naciones Unidas (ONU); Cuba  ratifica la política de amistad con todos los pueblos del mundo, reafirma su propósito de establecer relaciones diplomáticas con todos los países socialistas y además, se acuerda establecerlas con la RPCH y se rescinden las relaciones con el régimen títere de Formosa.

Se condena la explotación del hombre por el hombre y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

Reafirmación, de la convicción de expresar el sentir de los pueblos latinoamericanos, que la democracia no es compatible con la oligarquía financiera, con la discriminación de los negros, persecución de toda persona de cualquier sector social o profesión que expresara su  inquietud por el bien de la humanidad que no estuviera en línea con la política del gobierno norteamericano, la defensa de los derechos civiles o por su simpatía por las ideas comunistas. La democracia, además, sólo existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos a la más deplorable impotencia a causa del hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos. Se condena la explotación del hombre por el hombre y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

Se demanda: el deber de los ciudadanos explotados de cualquier raza, sexo y categoría social, a luchar por sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales; el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos de cualquier parte del mundo.

Reafirmación, de su confianza en que Latinoamérica marchará pronto, unida y vencedora, libre de ataduras que convierten sus economías en riqueza cedida al imperialismo norteamericano y que le impiden hacer oír su verdadera voz en las reuniones donde Cancilleres amaestrados hacen de coro denigrante al amo despótico. A la vez que ratifica su decisión  de trabajar por ese común destino  latinoamericano y la lucha por una América Latina liberada.

Finaliza, con el dictamen que esta declaración será conocida con el nombre de “Declaración de La Habana”.