En la ONU la dignidad de Cuba y la claudicación de Venezuela    

 Frente al belicismo de Trump, dos acciones opuestas: la dignidad inquebrantable de la representación cubana encabezada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla; por el otro, la capitulación explícita y dócil de Delcy Rodríguez.

CAPAC – por Lois Pérez Leira (*)

​La Asamblea General de las Naciones Unidas, concebida en su origen como la máxima tribuna para la defensa de la soberanía de los pueblos y la legalidad internacional, ofreció un espectáculo de profunda degradación política e histórica.

Frente a la oratoria belicista y amenazante de Donald Trump, la diplomacia de nuestra América exhibió dos rostros radicalmente opuestos: por un lado, la dignidad inquebrantable de la representación cubana encabezada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla; por el otro, la capitulación explícita y dócil de Delcy Rodríguez.

​El comportamiento de Delcy Rodríguez en Nueva York trasciende el mero pragmatismo diplomático para instalarse de lleno en el terreno de la claudicación moral. Escuchar en silencio presencial las descalificaciones del mandatario estadounidense contra Nicolás Maduro —quien permanece retenido tras una acción ilegal que vulneró cualquier principio de derecho internacional— y sostener posteriormente un encuentro a puerta cerrada con el secuestrador del presidente constituye un episodio inédito de sumisión político-diplomática.

​En la intervención de Rodríguez no hubo espacio para la exigencia categórica de la restitución de la soberanía violada, ni para el reclamo firme por la libertad inmediata del presidente secuestrado. Al disolver el discurso de resistencia revolucionaria en la retórica vacía del «diálogo y la cooperación», la actual gestión en Caracas convalidó la tutela imperialista a cambio de entregar los recursos estratégicos de la patria.

​En las antípodas de este entreguismo, la postura de la delegación de Cuba, liderada con firmeza por su ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, rescató el decoro histórico del continente. Manteniendo una línea de principios inflexible, la diplomacia cubana encaró al régimen estadounidense desairando las pretensiones hegemonistas de Washington. Mientras la representación venezolana cedía terreno ideológico y material bajo la fachada de una normalización diplomática servil, Cuba recordó que la soberanía nacional, el patriotismo y la ética antiimperialista no se negocian ni se someten ante el imperialismo.

​El paso de Delcy Rodríguez por la ONU no solo desnudó la fragilidad de un liderazgo que prefiere la complacencia ante el agresor antes que la firmeza doctrinaria, sino que confirmó que la verdadera dignidad latinoamericana se mide en la capacidad inquebrantable de resistir el chantaje. La historia juzgará con severidad la diferencia entre la resistencia patriótica y la dócil asimilación colonial.

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(*) Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe

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