Un imperio en decadencia. Terrorismo residual y fundamentalismo bárbaro

Donald Trump y sus asesores expresan un fundamentalismo bárbaro en este siglo XXI contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, China, Siria, Irán y otros.

Capac – Por Stella Calloni

El atentado contra la sede de la embajada de Cuba en la madrugada de este jueves 30 de abril en Washington nunca podría haberse concretado sin complicidad del poder, ya que se trata una zona en el barrio de las sedes diplomáticas especialmente custodiadas, lo que nos recuerda, que sin la complicidad de los servicios de inteligencia, no se hubiera podido producir en septiembre de 1976 el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letellier, refugiado de la dictadura de Augusto Pinochet en Estados Unidos, quien murió en el acto junto a su secretaria Ronny Mofit, resultando herido el esposo de ésta Michael Mofit, cuando el automóvil en que viajaban explotó por una bomba a control remoto colocada por terroristas cubano-americanos, a instancias del dictador y con conocimiento del entonces jefe de la CIA George Bush (padre).

El mundo debe reaccionar rápidamente ante este ataque, que además es un mensaje terrorista para sus asociados, como sucedió en el caso de la embajada de Venezuela atacada y ocupada en medio de la guerra contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro en Washington, lo que desató una serie de ataques contra sedes diplomáticas de ese país en distintos lugares.

Los disparos contra la embajada de Cuba, se produce en el marco de una guerra unilateral declarada por el gobierno del presidente Donald Trump y sus asesores, que expresan un fundamentalismo bárbaro en este siglo XXI contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, China, Siria, Irán y otros tratando de encubrir en estos momentos la crisis económica que está asolando al capitalismo salvaje en su hora cero.

También se produjo en medio del desastre humanitario provocado por la pandemia del coronavirus, ignorada por la  soberbia y el desprecio de Trump por el pueblo estadounidense  y los pueblos del mundo ante la “peste” que cayó como un huracán en un país sin defensas sociales ni morales, y con infraestructuras básicas totalmente insuficientes, acabando con el “sueño americano” para ellos y para todos.

Creyendo que aún se puede salir huyendo hacia adelante, se han convertido en los creadores sistemáticos de contradicciones como nunca antes y en la desesperación recurren a mentiras tan burdas como ineficaces, que sólo funcionan por la enorme concentración de los medios de comunicación masiva que operan bajo las órdenes del Pentágono, actuando como agentes mercenarios de la guerra mediática, psicológica, sin lo cual los planes guerreristas no podrían prosperar, como hemos visto en estos años.

En medio de la pandemia, tratando de encubrir la realidad de la decadencia y brutalidad que precede al final del imperio, el gobierno de Trump no sólo envió la flota al Pacífico Sur y al Caribe amenazando con invadir a Venezuela y posiblemente lo intentaran contra Cuba, sino que también desplegó una campaña desesperada y brutal contra esos países, mientras que Israel bombardeaba Siria que también enfrenta la pandemia tratando de reconstruirse entre las ruinas que dejan los invasores y el pueblo palestino es también víctima cotidiana de la política de exterminio del ejército israelí.

El caso de los médicos cubanos que conforman las brigadas Henry Reeves, que desde hace años colaboran en todos los desastres naturales y humanitarios, siendo reconocidos en el mundo por su eficacia, pero también por su gran calidad humana y capacidad de sacrificio, lo que constituye un modelo testigo de la medicina que pudo crear Cuba, un país bajo bloqueo criminal durante más de 60 años, una isla a 90 millas de las costas estadounidenses con poco más de 11 millones de habitantes convertida en una potencia de la medicina mundial, de la dignidad y la solidaridad.

Durante varios años la inteligencia de Estados Unidos lleva adelante un ataque sistemático contra los médicos cubanos dentro de la guerra permanente contra Cuba socialista. Es que los médicos, como los maestros cubanos, como ejércitos de la paz y la solidaridad, han resultado uno de los objetivos más difíciles de destruir, de desacreditar, porque su trabajo se realiza en territorios de la desolación en la que hunde a los pueblos la labor destructiva del poder imperial.

Es imposible destruir esa cadena de solidaridad, como lo vimos cuando han intentado hacerlo los dictadores y gobiernos falsamente democráticos. Sucedió en Brasil con Jair Bolsonaro, elegido bajo un gobierno golpista, en Bolivia con la presidenta de facto Jeanine Añez, Lenin Moreno en Ecuador, que protagonizó un golpe postelectoral separándose del partido por el cual resultó electo y del programa que eligió el pueblo ecuatoriano, como sucedió con otros gobiernos que tienen la misma impronta dictatorial y por las mismas razones.

En un principio la orden imperial fue desprestigiar a los médicos cubanos, como hicieron a lo largo de estos años utilizando un poder mediático casi absoluto tildándolos en su propaganda de ineficientes, falsos médicos espías, etc. Pero el reconocimiento mundial continúa.

La violenta propaganda contra estos servidores de la humanidad se había debilitado y el hecho de que más de cien países, entre ellos potencias industriales, recurrieran desesperadas al gobierno de Cuba, solicitando no sólo ayuda médica, sino medicinas -como las que fueron utilizadas contra los efectos del Covid-19 en Wujan, China, donde se inició la pandemia que controlaron rápida y responsablemente las autoridades de ese país- desató las furias de los fundamentalistas bárbaros del poder estadounidense.

El gobierno de Trump ante la tragedia producida en su país, mientras persiste en negar el problema, acusa a China de haber creado el virus, cuando la nación que desarrolló desde todos los tiempos la guerra biológica fue y es Estados Unidos. 

La propaganda en el marco de la pandemia volvió a imponerse sacando nuevamente la vieja y desgastada artillería mediática, y resucitando políticos de nuestra región que están bajo su control total, como sucede en cada uno de estos Estados pero sin lograr efectos, porque el contacto con la realidad en situaciones límites como ésta que se está viviendo, con miles de muertos y millones de infectados, se convierte también en sepulturera de la mentira. Eso está pasando y los obliga a cambiar sus campañas y esto los ha llevado a lo más burdo y mediocre de sus acciones y sus discursos.

Si estudiamos todo lo realizado contra Cuba en más de 60 años de ataques permanentes  o con Venezuela desde el 2002, pero más violenta y crudamente desde 2014, aplicando todo tipo de terrorismo sobre estos países o en Nicaragua manteniendo el golpismo, vemos que curiosamente en este siglo XXI siguen peleando contra Augusto César Sandino, que los derrotó con escopetas contra aviones a principios del siglo XX, o con José Martí, y Simón Bolívar a fines del siglo XIX  y contra otra cantidad de fantasmas renacidos una y otra vez que no les dan tregua, lo que sugiere que hemos llegado a un punto crucial

Por supuesto que necesitan cambiar de caballo en el camino a cada rato, como lo hemos escuchado en las últimas horas, de boca del mismo Trump, la cara más decrépita del imperio y sus funcionarios desesperados espantando fantasmas por todos lados como Mike Pence, Michael Kozak y otros.

Ante el absoluto fracaso que han tenido a pesar de la campaña propia y de sus lacayos cada vez más debilitados en el caso testigo de los médicos cubanos, ahora resulta que se declaran “protectores de los derechos humanos” de estos profesionales para “salvarlos” de las “dictaduras” .

«El gobierno de Cuba ha demostrado una y otra vez en los últimos 60 años su desinterés en proteger los derechos humanos de estos valiente médicos, pero nosotros la comunidad internacional, podemos y debemos defender sus derechos” acaba de decir sin ningún pudor  Kozak el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. Y no es el único, ahora la defensa de los derechos humanos de los médicos cubanos a los que llaman “esclavos” ofendiéndolos brutalmente, está en manos de Washington nada menos.

Si no fueran trágicas las circunstancias ésta sería una comedia imperial decadente en el siglo XXI, tanto como la aparición cada vez más efímera e inútil de otro personaje creado por Washington como el “presidente encargado” de Venezuela Juan Guaidó, que ni siquiera en medio de la pandemia cambia su discurso, pidiendo a gritos la invasión a su país.

En tanto la flota de Guerra que amenaza nuestra región, transporta soldados muchos de ellos víctimas del Covid 19, como los hombres de su más poderoso portaviones, el Theodore Roosevel, que casi le cuesta al rey del jopo amarillo que gobierna Estados Unidos la sublevación de la marina, al negarse a dejar bajar a los contaminados marines infectados por el virus, para encubrir lo que estaba sucediendo. Trump prohibió al Pentágono dar parte de la situación sanitaria de los miembros de las Fuerzas Armadas.

Es decir, prefería que se murieran los tripulantes del portaviones, como prefirió que se murieran casi 60 mil o más personas en su país por no dar el brazo a torcer ante la realidad mortal de la pandemia  y continuar acusando a China que los ha derrotado en varios campos, especialmente en el moral.

Los hospitales construidos en días con todas las normas necesarias y equipos de alta tecnología en China, hablan muchos más que todas las palabras si se los compara con las vergonzosas carpas individuales instaladas en el Central Park de Nueva York, con camastros y colchonetas que dejaron en evidencias la realidad de lo que sucede al interior de la potencia hasta ahora más grande del mundo, en caída libre y sin paracaídas y por lo mismo más violenta que nunca.

Y también la forma como Cuba -además de su presencia en el exterior- ha manejado la pandemia al interior del país, o como los están haciendo Venezuela y Nicaragua y otros naciones bajo la mira de Washington, les ha demostrado su descenso al infierno. Y ante esto ni el poder mediático los puede salvar ya que sus gestores están caminando sobre un alambre y sobre precipicios y serán alcanzados inevitablemente por la poderosa crisis económica que ya atravesaba al capitalismo salvaje en su descenso mucho antes del Coronavirus.

Todos parecen creer que aún están bajo el manto de impunidad con que se mantuvieron durante casi dos siglos, desde que naciera ese imperio de cowboys errantes y brutales, o de los buscadores de oro de la misma calidad en el siglo XIX.

La respuesta debe ser colectiva, rápida  beligerante, creativa, y activa como nunca antes y con el poder de la imaginación que nos ha caracterizado a los latinoamericanos y caribeños, y que muchos habían perdido en los laberintos colonizadores, que deben convertirse ahora en las alamedas de la resistencia para lograr la liberación definitiva.

Nosotros cuidaremos a nuestros amados y respetados médicos cubanos en cada uno de nuestros países y los cuidaremos de los sembradores de odios y los canallas seriales con que los personajes como Trump, Pence, Kozak y similares, intentan invadir un mundo que se les va de las manos y esta vez será para siempre.

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