Trump prepara su reelección: ¿invadirá Venezuela al estilo de Panamá 1989?

Con la excusa de combatir el narcotráfico, los EE.UU podría intentar invadir Venezuela, en medio de los desaciertos de Donald Trump en detener la pandemia del Ccovid-19 y estabilizar la economía cuando busca su reelección.

CAPAC – Fuente de origen: Sputnik

Tras sus vacilaciones epidemiológicas sobre el COVID-19 en EEUU —que ha causado estragos en Nueva York, Florida, California e Illinois—, Trump busca un distractor para invadir Venezuela mientras se libra la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita que ha puesto al borde de la quiebra a la poderosa industria del petróleo lutita en Texas.

Mark Esper, mandamás del Pentágono, anunció la guerra de EEUU contra las drogas en el Caribe y el Pacífico Oriental.

La justificación de Esper se basa en obstruir a «las varias organizaciones criminales que intentan capitalizar» la crisis del COVID-19.

El aparatoso operativo del Pentágono, según Trump, se coordinará entre 22 de los 31 países socios del Comando Sur para incrementar la vigilancia, interrupción y captura del transporte de droga. No especificó cuáles son los 22 países aludidos.

Cabe señalar que México se encuentra doblemente bajo el paraguas del Comando Norte de EEUU como del Comando Sur en su parte caribeña: en la costa oriental de la Península de Yucatán, donde destaca Cancún, y que incluye las islas de Cozumel e Isla Mujeres.

Funcionarios del Pentágono afirmaron que la Marina, la Guardia Costera y la Fuerza Aérea de EEUU se encuentran ya «en guerra con los cárteles de la droga en Latinoamérica», por lo que EEUU «estaría lanzando operaciones mejoradas antinarcóticos en el mar Caribe y en la parte oriental del Océano Pacífico.

El Gobierno de Venezuela rechazó las amenazas y su canciller Jorge Arreaza puntualizó que EEUU debe «tomar acción para proteger sus fronteras descuidadas y vulnerables a las drogas que se originan del tráfico colombiano».

Por lo pronto, varios navíos de la Marina de EEUU se han desplegado frente a las costas de Venezuela.

La semana anterior, EEUU había colocado al presidente Maduro como criminal narcoterrorista, con otras personalidades de la columna vertebral militar y política del país, ofreciendo 15 millones de dólares por la captura del presidente venezolano, lo cual se daba al unísono de la salida de la petrolera rusa Rosneft para todas sus operaciones petroleras en Venezuela.

Maduro arremetió contra Trump, a quien calificó de «cowboy racista».

A mi juicio, caben dos hipótesis. La primera, una que un servidor había propalado como un trueque geopolítico de Venezuela por Ucrania, lo cual fue obscenamente expuesto por la anterior directora del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU con especialidad en asuntos de Rusia y Europa, Fiona Hill, —una súbdita del megaespeculador George Soros— durante las audiencias del impeachment en la Cámara de Representantes.

La segunda, en los momentos de la guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia y el consecuente desplome al borde de la quiebra de la industria del petróleo o gas lutita que afecta especialmente al estado de Texas —hoy en manos del Partido Republicano y que cuenta con 38 votos electorales—. Es el segundo lugar después de California que ostenta 55 votos electorales, y EEUU pone en jaque las pletóricas reservas petroleras de Venezuela, las máximas del mundo cuando se suman el petróleo convencional y el no convencional o petróleo pesado después de haber adquirido las reservas de petróleo en la parte mexicana del golfo de México que le regaló la dupla Peña/Videgaray como parte de la entreguista reforma energética que heredó a contrapecho el presidente nacionalista López Obrador.

Como corolario de mis dos hipótesis, agregaría la necesidad imperativa de una invasión que ha sido la constante de todos los presidentes de EEUU y que ahora quizá Trump busque aplicar: ya sea en el norte de México, ya sea en el Caribe, en particular, en Venezuela, como rezan sus enemigos cubanos en el exilio del Partido Republicano de Florida cuyos 29 votos electorales (a la par de Nueva York) se encuentran en juego para la elección del primer martes de noviembre.

Ya en enero EEUU había enviado el navío USS Detroit que navegó frente a las costas de Venezuela para presionar a Maduro, como comentó sin desparpajo el almirante Craig Faller, mandamás del Comando Sur.

La realidad es que todas las maniobras y sanciones económicas de EEUU no han podido imponer al espurio presidente interino Juan Guaidó, quien pronto será arrojado por debajo de un autobús. Por lo que el secretario de Estado y exdirector de la CIA Mike Pompeo ha manifestado su deseo tramposo de colocar «un Gobierno de transición democrático» donde no aparezcan ni Maduro ni Guaidó.

Resalta la narcohipocresía de la administración Trump cuando el espurio Juan Guaidó ostenta su obscena asociación con Los Rastrojos: el cartel narcoparamilitar de Colombia.

No faltan observadores de la región caribeña que rememoran la Operación Causa Justa de 1989 —al unísono de la caída del Muro de Berlín y la salida del Ejército soviético de Afganistán—, cuando EEUU invadió Panamá para derrocar y capturar al presidente Manuel Noriega, que había sido su socio obsceno.

Ya desde hace mucho, el muy influyente senador Lindsey Graham, prácticamente uno de los más cercanos confidentes de Trump, había incitado a la invasión de Venezuela para que el presidente de EEUU propinara un golpe de timón, similar al que dio el presidente Reagan cuando invadió la diminuta isla de Granada en 1983.

María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, indicó que EEUU se aprovecha de la «difícil situación epidemiológica en Venezuela» para intentar destituir al presidente legítimo de Venezuela.

Como coartada de la invasión a Venezuela, ahora bajo el pretexto del combate al narcotráfico —que curiosamente EEUU ha cobijado desde el eje Los Andes, Colombia y los cárteles mexicanos—, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Conjuntas de EEUU, el general Mark Milley, sustentó que el espionaje estadounidense exhibe que los cárteles de la droga intentan tomar ventaja de la crisis del coronavirus e»infiltrar estupefacientes adicionales» a EEUU.

El general Mark Milley sentenció que 70.000 estadounidenses mueren en promedio al año debido a los estupefacientes y enfatizó que EEUU libra una triple guerra simultánea: contra el COVID-19, contra los terroristas y contra los cárteles de las drogas.

En forma ominosa, el general Milley anunció el arribo de embarcaciones provenientes del Comando Indopacifico y del Comando Europeo, al unísono de la flota naval de Norfolk, que han zarpado al Caribe.

No es nada improbable que en este coreográfico despliegue militar de Trump se genere una invasión a ciertas partes de México donde operan los cárteles, como ha reiterado el procurador Bill Barr, quien insiste en que una de las máximas prioridades del Departamento de justicia de EEUU consiste en destruir a los cárteles mexicanos de las drogas, como también ha enunciado el portal The Federalist, muy cercano a Trump.

EEUU, con demócratas o republicanos por igual, ha ido recuperando y/o neutralizando al «Gran Caribe» —el mar Mediterráneo de EEUU—, donde nació históricamente el poder geopolítico de EEUU.

Cabe señalar que la balcanización de México, así como las invasiones de EEUU a México y Venezuela, no son nuevas. Solo se actualizan de acuerdo con las circunstancias cuando Trump busca reelegirse por cualquier medio que fuere.

Dejá una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.