Editorial del Granma: Volver siempre a Fidel
Granma destaca conceptos centrales de las enseñanzas del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, conceptos que sostienen firmes la manos del timón en medio de cualquier tempestad. El Coloso del Caribe nos conduce desde la eternidad.
CAPAC – tomado de Granma
«¡Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina! ¡Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía! ¡Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación imperialista en el mundo entero!… La Revolución Cubana es para nosotros, y para los pueblos de América, algo más: es la prueba de que los pueblos pueden hacerla, de que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos.»[1]
«La Revolución Cubana es para nosotros, y para los pueblos de América, algo más: es la prueba de que los pueblos pueden hacerla, de que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos»
Fidel Castro
Con estas palabras, Fidel situaba a la Revolución Cubana fuera de sus fronteras nacionales, como la vanguardia demostrativa de una lucha global posible y victoriosa.
La Revolución como obra colectiva y dinámica
«Los que no tienen fe en la masa, no pueden ser revolucionarios». En un contexto de definición de la política cultural de la Revolución, Fidel subrayó el papel central del pueblo, no como espectador, sino como actor y creador, lo que refleja su confianza en la capacidad transformadora de la gente común.
«La Revolución la hacemos todos. La Revolución no la hacen solo los dirigentes. La Revolución la hace, en primer lugar, el pueblo; y los dirigentes son simplemente intérpretes de las aspiraciones del pueblo. Los que no tienen fe en la masa, no pueden ser revolucionarios. Los que creen que ellos lo saben todo y que el pueblo no sabe nada, no pueden ser revolucionarios. Los que subestiman la capacidad del pueblo, no pueden ser revolucionarios»
Fidel Castro
«La Revolución la hacemos todos. La Revolución no la hacen solo los dirigentes. La Revolución la hace, en primer lugar, el pueblo; y los dirigentes son simplemente intérpretes de las aspiraciones del pueblo. Los que no tienen fe en la masa, no pueden ser revolucionarios. Los que creen que ellos lo saben todo y que el pueblo no sabe nada, no pueden ser revolucionarios. Los que subestiman la capacidad del pueblo, no pueden ser revolucionarios». [2]
El llamamiento a la defensa y el sacrificio
¡Socialismo o muerte!, esta frase emblemática y reiterada constantemente, más que un fragmento de un discurso único, encapsula la dicotomía radical que Fidel presentó como el núcleo de la lucha: la Revolución (sinónimo de Socialismo) era una cuestión de vida o muerte para la nación. Se convirtió en el grito de combate y despedida de sus discursos, sintetizando la disposición al sacrificio total. Fidel era fiel defensor de que esta Revolución no se hizo para que unos cuantos se aprovecharan de ella, sino para que un pueblo entero se beneficiara de ella. Y estamos dispuestos a perderlo todo, incluso la vida, antes que renunciar a los principios de esta Revolución.
La lucha contra los errores
Durante la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, Fidel abordó con crudeza los desafíos internos, definiendo la Revolución también como un proceso de autocrítica y purificación constante: «Revolución es también luchar contra todo lo que debe ser superado dentro de nosotros mismos y dentro de la sociedad que construimos. Es luchar contra el burocratismo, contra la corrupción, contra la frivolidad, contra la inercia. Rectificar no es un acto de debilidad, es un acto de fortaleza y de fidelidad a los principios. Nadie puede creer que la Revolución es un camino recto y fácil. Avanzamos corrigiendo los errores, venciendo los obstáculos, limpiando el camino de los lastres que nosotros mismos, a veces, creamos».[3]
«Revolución es también luchar contra todo lo que debe ser superado dentro de nosotros mismos y dentro de la sociedad que construimos. Es luchar contra el burocratismo, contra la corrupción, contra la frivolidad, contra la inercia. Rectificar no es un acto de debilidad, es un acto de fortaleza y de fidelidad a los principios. Nadie puede creer que la Revolución es un camino recto y fácil. Avanzamos corrigiendo los errores, venciendo los obstáculos, limpiando el camino de los lastres que nosotros mismos, a veces, creamos»
Fidel Castro
La Revolución como acto de solidaridad internacional
Fidel reafirmó el principio internacionalista como parte constitutiva de la identidad revolucionaria cubana, especialmente a través de la salud: «Esta Revolución que hemos hecho, ¿para qué la hicimos? ¿Solo para nosotros? No. La hicimos para compartir. Para compartir lo que tenemos y lo que no tenemos. Para compartir el esfuerzo, el conocimiento, la solidaridad. Un revolucionario verdadero no puede dormir tranquilo mientras haya en cualquier parte del mundo un pueblo agredido, un niño enfermo sin atención, una injusticia por combatir. Nuestros médicos son soldados de batas blancas, y su arma es la ciencia y la conciencia. Eso también es la Revolución: Patria es Humanidad, como soñó Martí».[4]
«Esta Revolución que hemos hecho, ¿para qué la hicimos? ¿Solo para nosotros? No. La hicimos para compartir. Para compartir lo que tenemos y lo que no tenemos. Para compartir el esfuerzo, el conocimiento, la solidaridad. Un revolucionario verdadero no puede dormir tranquilo mientras haya en cualquier parte del mundo un pueblo agredido, un niño enfermo sin atención, una injusticia por combatir»
Fidel Castro
La advertencia sobre la eterna vigilancia
«La Revolución es algo que hay que defender todos los días, con los hechos, con la conducta, con el pensamiento. No es un título que se adquiere y ya. Es un compromiso de vida. Esta Revolución puede autodestruirse. ¡Los revolucionarios de hoy pueden ser los que la destruyan mañana! No lo van a hacer el imperialismo y sus agentes por sí solos; ellos contribuirían, pero la destrucción principal la haríamos nosotros mismos si flaqueamos, si nos dividimos, si perdemos la fe, si traicionamos los principios por los que tantos han muerto. Ser revolucionario es no claudicar jamás».[5]
«La Revolución es algo que hay que defender todos los días, con los hechos, con la conducta, con el pensamiento. No es un título que se adquiere y ya. Es un compromiso de vida. Esta Revolución puede autodestruirse. ¡Los revolucionarios de hoy pueden ser los que la destruyan mañana! No lo van a hacer el imperialismo y sus agentes por sí solos; ellos contribuirían, pero la destrucción principal la haríamos nosotros mismos si flaqueamos, si nos dividimos, si perdemos la fe, si traicionamos los principios por los que tantos han muerto. Ser revolucionario es no claudicar jamás»
Fidel Castro
Referencias:
[1] Discurso pronunciado en la Segunda Declaración de La Habana. Plaza de la Revolución José Martí, La Habana. 4 de febrero de 1962.
[2] Intervención en la clausura del Primer Congreso de Educación y Cultura. Teatro Lázaro Peña, La Habana. Abril de 1971.
[3] Discurso pronunciado en el 30 Aniversario del asalto al Cuartel Moncada. Santiago de Cuba, 26 de julio de 1986.
[4] Discurso: En la entrega de medallas a los miembros del Contingente Henry Reeve. La Habana, 2005.
[5] Intervención en un acto con estudiantes universitarios. Universidad de La Habana, 17 de noviembre de 2005.

