De Cuba a Argentina, la agroecología y el amor por la naturaleza
En la provincia argentina de Buenos Aires, el cubano Víctor Pileta, aplica y comparte hoy los conocimientos adquiridos durante sus estudios en la nación caribeña, donde se graduó del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias.
CAPAC.- tomado de Prensa Latina
El especialista en control biológico fue uno de los participantes en el I Foro Empresarial Cubanos por el Desarrollo Agropecuario que permitió el intercambio entre quienes, desde otras naciones, apuestan por contribuir al avance del sector en la isla y agradecen la formación y los saberes adquiridos en ella.
La cita tuvo lugar recientemente, en el marco de la Feria Internacional Agroindustrial Alimentaria de La Habana, dio continuidad a la IV Conferencia La Nación y la Emigración y tuvo como objetivo fortalecer los lazos entre Cuba y sus ciudadanos, además de fomentar la inversión y colaboración.
Durante el evento, Pileta compartió sus experiencias con la agroecología en Argentina, país donde formó parte de la creación del protocolo técnico de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y asesoró la conformación de la Colonia 20 de abril de Luján, proyecto que permite a decenas de familias vivir y producir sus alimentos sin químicos ni productos tóxicos.
Fue técnico del Ministerio de Agricultura de la Nación y pertenece ahora a la red de facilitadores de la cartera que atiende a ese sector en territorio bonaerense.
Además, fue fundador de La Dignidad Rural, iniciativa que promueve la creación de empleo genuino, la soberanía alimentaria y el desarrollo sustentable.
En la actualidad posee una biofábrica, en la cual trabaja en la sustitución de insumos químicos por orgánicos.
En declaraciones a Prensa Latina, explicó que, a lo aprendido en Cuba sobre el trabajo con microorganismos, le agregó el uso de los caldos minerales (compuestos que contienen azufre, cobre y calcio) para controlar enfermedades y plagas.
En los tanques, trato de imitar las condiciones existentes en la panza de una vaca. Salen los gases, pero no entra oxígeno. Mediante el proceso de quelatización, agarro los minerales inorgánicos y los traigo a la vida. Los microorganismos son los que hacen ese trabajo, a partir de la melaza, la bosta y el suero de la leche vacuna, apuntó.
La biofábrica en general es la tecnología de los extractos vegetales, los caldos minerales y los fermentos. Ello lo combino con los conocimientos sobre microorganismos que obtuve en Cuba. De esa manera, no tengo que recurrir a insumos externos y evito emplear químicos, añadió.
Pileta señaló que, para su labor y su asesoría a varias organizaciones en Argentina, se inspira en la experiencia de los campesinos y especialistas cubanos, entre ellas el uso de canteros de 1,20 metros en los organopónicos de la isla.
Además, resaltó la importancia de compartir lo aprendido: “La mejor forma de difundir mi tarea, los insumos y darle una mano a la gente es con las organizaciones. Se dice que la agroecología, si no está en manos de los colectivos, no es agroecología”.
Creemos también en la transmisión del conocimiento de campesino a campesino como en Cuba. Hoy la UTT, que fue una de las entidades con la que más fuerte trabajé, tiene grupos de base en todas las provincias argentinas. Cualquiera se puede acercar y preguntar cómo funciona todo. Lo que hago en mi campo, lo pude transmitir y expandir a través de esos proyectos, comentó.
Cuba lleva 20 años por delante en cuanto a conocimientos y debemos aplicarlos. Yo adquirí allá una sapiencia que aplico ahora en la práctica. La agricultura parte de una sabiduría ancestral y te permite alimentarte. Un agrónomo siempre es necesario y es importante trabajar en conjunto, en comunidad. La verdadera liberación es cuando produces tus propios alimentos y usas la energía que te la da la naturaleza, concluyó.