La amenaza de Trump a Cuba: otra epifanía imperial y una verdad que insiste en no desaparecer

Cuba no busca la confrontación. Exige respeto. Y la historia, aunque algunos prefieran ignorarla, ha sido clara, la independencia no se negocia bajo amenaza.

CAPAC – por María Teresa Felipe Sosa – tomado de Al Mayadeen en castellano

Este 11 de enero, el emperador Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América y eterno custodio autoproclamado del planeta, decidió recordarle al mundo que la Guerra Fría no terminó, simplemente cambió de red social.

Desde X, Trump lanzó un mensaje de tono beligerante dirigido a Cuba, uno más en una extensa colección de advertencias que nunca envejecen bien. En él, amenazó con cortar cualquier flujo de petróleo o recursos hacia la Isla por parte de Venezuela y se atribuyó, con la naturalidad del hábito, la condición de garante militar regional, como si el Caribe fuera un espacio geográfico privado, bajo su vigilancia.

Nada nuevo bajo el sol imperial. Estas declaraciones forman parte de una lógica política coherente —en su brutalidad— impulsada por sectores ultras del establishment estadounidense, con figuras como Stephen Miller, empeñados en convertir la coerción económica, la intimidación diplomática y la amenaza militar en formas respetables de política exterior. En ese contexto, operadores anticubanos celebraron la amenaza con entusiasmo desbordante y, en un raro gesto de sinceridad, admitieron que la guerra económica busca generar privaciones severas para que el pueblo cubano, agotado, culpe a su propio gobierno. Humanitarismo inverso, podría llamarse.

La respuesta del presidente de Cuba

La Habana, lejos de entrar en pánico por el anuncio de un tuit, respondió con la calma de quien ya ha visto esta película demasiadas veces. El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez contestó directamente en X, desmontando la narrativa heroica del agresor y recordando un detalle que Washington suele pasar por alto, el de que Cuba no acepta ultimátums.

El mandatario explicó, que las carencias que enfrenta el país no brotan espontáneamente del socialismo, sino de un bloqueo económico sostenido durante más de seis décadas por el mismo país que ahora se ofrece como solución al desastre que provoca. Un curioso caso de pirómano ofreciendo auxilio como bombero.

“Cuba no se va a rendir, Cuba no va a renunciar a su independencia”, afirmó Díaz-Canel, en la red social. El mensaje culminó con una frase que debería figurar en cualquier manual de relaciones internacionales contemporáneas: “Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por EE. UU hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre”.

El fondo del asunto: coerción con sonrisa diplomática

Conviene insistir en que la política estadounidense hacia Cuba no responde a preocupación humanitaria alguna. Nunca lo hizo. No cuando invadía, no cuando financiaba terrorismo, no cuando siempre ha asfixiado económicamente, mientras habla de democracia. Se trata, con admirable constancia, de una estrategia de coerción destinada a impedir el desarrollo económico del país y a provocar el colapso social necesario para justificar el cambio.

“Cuba no se va a rendir, Cuba no va a renunciar a su independencia”, afirmó Díaz-Canel

Si Estados Unidos tuviera verdadera curiosidad por comprobar la viabilidad de la economía cubana, levantaría el bloqueo. Pero ese experimento es inadmisible porque podría demostrar que el problema nunca fue Cuba, sino el cerco. Y eso sería incómodo para el relato del “Estado fallido”, una pieza central del teatro imperial.

Cuba: ese incómodo hábito de no desaparecer

La historia, tozuda, enseña que los pueblos no se rinden porque alguien lo anuncie en redes sociales. Cuba no minimiza el costo de la confrontación, pero conoce perfectamente el precio indecente de la sumisión.

«Cuba no minimiza el costo de la confrontación, pero conoce perfectamente el precio indecente de la sumisión»

María Teresa Felipe Sosa

Durante más de seis décadas ha enfrentado invasiones, sabotajes, terrorismo y una guerra económica diseñada para ser interminable. Y, sin embargo, ahí sigue. Confundir poder destructivo con hegemonía es el error favorito de los imperios, porque gobernar con bombas no es gobernar conciencias.

«Confundir poder destructivo con hegemonía es el error favorito de los imperios, porque gobernar con bombas no es gobernar conciencias»

María Teresa Felipe Sosa

Podrán imaginar invasiones contra la isla, repetir guiones de Iraq o Libia, reducir ciudades a polvo y proclamar victoria desde la soberbia armada. Podrán hacerlo todo. Ya lo han hecho antes. Pero siempre olvidan lo mismo, la hegemonía no se impone cuando se pierde la legitimidad moral. Y ahí, precisamente ahí, es donde el Imperio fracasa.

Si Estados Unidos tuviera verdadera curiosidad por comprobar la viabilidad de la economía cubana, levantaría el bloqueo.

«Si Estados Unidos tuviera verdadera curiosidad por comprobar la viabilidad de la economía cubana, levantaría el bloqueo»

María Teresa Felipe Sosa

Las amenazas actuales no inauguran nada nuevo; solo confirman una peligrosa insistencia; la de reemplazar el derecho internacional por la ley del más fuerte. Frente a eso, Cuba responde con una idea incómoda y persistente: este pueblo no se rinde. No por romanticismo, no por temeridad; por memoria.

Cuba no busca la confrontación. Exige respeto. Y la historia, aunque algunos prefieran ignorarla, ha sido clara, la independencia no se negocia bajo amenaza.

Una vez más, y contra todo pronóstico imperial… Cuba vencerá.

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