18 de enero – Carlos Aponte: Héroe antimperialista venezolano

De la estirpe de Aponte, el revolucionario que jamás claudicó ante el imperialismo yanqui, son los venezolanos, hijos humildes de la patria de Bolívar y Chávez, que junto a nuestros 32 héroes cayeron defendiendo el honor de Venezuela y de América el pasado 3 de enero.

CAPAC – por René González Barrios – tomado de Granma

Muchos se extrañan de los vínculos entre los pueblos de Venezuela y Cuba. Se trata de una historia de más de dos siglos de hermandad. No es casual que el 23 de enero de 1959, apenas triunfada la Revolución, Fidel viajara a Caracas a pedirle a los venezolanos que asumieran el liderazgo de la unión de los pueblos de América.

«No es casual que el 23 de enero de 1959, apenas triunfada la Revolución, Fidel viajara a Caracas a pedirle a los venezolanos que asumieran el liderazgo de la unión de los pueblos de América»

René González Barrios

A inicios del siglo XIX, los primeros cubanos que soñaron con la independencia de la Isla, buscaron la ayuda de la Venezuela de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre y en lo que esperaban la materialización de sus sueños, pelearon las grandes batallas de la independencia americana. En los campos de Pichincha, Junín, Ayacucho, Carabobo, hubo combatientes cubanos.

Durante la Guerra de los Diez Años, la causa de la independencia de Cuba caló profundamente en Venezuela, cuyo gobierno organizó dos expediciones con hombres y logística para pelear por Cuba, la primera nombrada Vanguardia Venezolana y la Segunda, Bolivariana. Muchos de aquellos patriotas prestaron decisivos servicios y dieron su vida por nuestra Patria.

Ocho venezolanos fueron generales mambises, dos de ellos, Amadeo Manuit en 1871 y Cristóbal Mendoza en 1874, murieron en combate. El brigadier José María Aurrecoechea moriría fusilado el 11 de diciembre de 1870 en Holguín, y el mayor general Salomé Hernández, enfermo de malaria, falleció en un campamento insurrecto en diciembre de 1871. El padre de la patria Carlos Manuel de Céspedes, tuvo a su lado dos ayudantes venezolanos, el comandante Enrique Aurrecoechea, hermano del brigadier José María, muerto en campaña, e Ignacio Rovera, este último fusilado por España tras caer prisionero en un combate.

Los hermanos Tomás y Cristóbal Mendoza, comandante y coronel respectivamente, nietos del primer presidente de Venezuela, murieron en la contienda, el primero en combate durante el ataque a las Tunas el 16 de agosto de 1869, y el segundo fusilado en Puerto Príncipe por las autoridades españolas el 28 de noviembre de 1870, cuando se desempeñaba como secretario de relaciones exteriores del gobierno de la República de Cuba en Armas.

Fue ayudante del general Antonio Maceo el joven Arturo Bolívar, descendiente del Libertador, muerto en acción de guerra contra una columna española el 1ro de mayo de 1896 tras el combate de Cacarajícara. Dos descendientes de Antonio José de Sucre, los jóvenes Alfredo y Raúl Arango, fueron coroneles mambises del 95.

Eran aquellos venezolanos y descendientes de libertadores, hombres de la estirpe de Simón Bolívar, el héroe previsor que alertó a los pueblos de América del peligro que representaba el gobierno de los Estados Unidos para los destinos del continente. Bien vale la pena releer en estos tiempos la obra del historiador cubano Francisco Pividal Padrón, Bolívar, precursor del antimperialismo.

Heredero de aquellos venezolanos temerarios, sin miedos, fue el caraqueño Carlos Aponte, que en 1921 se integraba en La Habana a los revolucionarios latinoamericanos que aquí debatían sobre los destinos del continente y la lucha contra el imperialismo yanqui. Ese año, surgió el periódico de pequeño formato Venezuela Libre, órgano Revolucionario Latinoamericano, con dos objetivos: “…combatir a Juan Vicente Gómez, y ayudar a los que quieren obtener la regeneración de Venezuela,” y “…encauzar la protesta contra el panamericanismo, arma solapada del imperialismo yanqui, y cooperar en toda obra que tienda a robustecer la unión de los pueblos de América, de procedencia latina.”

Su fundador sería el periodista venezolano Francisco Laguado Jaime -asesinado en marzo de 1929 por órdenes del tirano Gerardo Machado-, y en él se confundían las firmas cubanas de Rubén Martínez Villena, Julio Antonio Mella, Alejo Carpentier, Jorge Mañach, Juan Marinello, Emilio Roig de Leuchsering, José Zacarías Tallet, entre otros, con las de los venezolanos Salvador de la Plaza y Gustavo y Eduardo Machado, y el nicaragüense Eduardo Avilés Ramírez. En 1926 aquel órgano de combate se convertiría en América Libre con la misión de ser “Látigo de tiranos y del imperialismo.”

Paralelamente nacía entonces en la habanera calle de Empedrado, número 17, casa y taller del pintor venezolano Luis López Méndez, La Covacha Roja, como reducto de reunión y debate de ideas de jóvenes comunistas y antiimperialistas latinoamericanos, en comunión con los fundadores del Partido Comunista de Cuba Carlos Baliño, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, José Peña Vilaboa, el polaco Fabio Grobart, y el español José Miguel Pérez.

Era en La Covacha, donde cubanos y venezolanos imprimían Venezuela Libre y los materiales de la Universidad Popular José Martí fundada por Mella. En aquella privilegiada vanguardia venezolana brillaba por su temple y carisma un hombre todo acción, un apasionado revolucionario al que aún la historiografía de Cuba y Venezuela deben el libro de su vida, que no pudo elaborar su entrañable amigo cubano-puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau, quien, antiimperialista como él, partió a España a combatir el fascismo, y allí murió como Comisario Político del Ejército Republicano Español, en Majadahonda, el 18 de diciembre de 1936 durante la heroica defensa de Madrid. Ese hombre leyenda, que hizo de Cuba su segunda patria, fue el caraqueño Carlos Aponte Hernández, de quien diría Pablo en perfecta y apretada caracterización:

 “…Los ojos se le encendieron en el júbilo sangriento de los combates en Venezuela, en Cuba, y en Nicaragua: fraternizó con luchadores revolucionarios en las cárceles de Colombia; de Cuba y del Perú; y porque su palabra fue demasiado insolente y clara, tuvo que salir de Chile y del Ecuador. Cuando llegó a un pueblo de América y en el no encontró ocasión de pelear, pasó a otro. Méjico fue su refugio dos veces. En Panamá y El Salvador, planeó su partida para nuevos combates. Quería a los indios de Honduras, los nietos de Lempira, la ‘tropa cojúa’ de Sandino. Nadie ha sido nunca más americano que Carlos Aponte. Odió y amó con la turbulencia de una juventud frenética. Tenía la vitalidad salvaje de la selva y el esplendor pánico de los ‘llanos’ interminables de Venezuela. Fue un protagonista de La Vorágine. Fue un hombre de las avalanchas. Fue un turbión. Fue un hombre de revolución. No tuvo nada de perfecto.”

Fue Aponte quien en La Habana protegiera con su vida, junto al también venezolano general Bartolomé Ferrer, la del líder revolucionario cubano Julio Antonio Mella en el hospital donde el protagonizaba su heroica y digna huelga de hambre. Es el mismo Aponte que sirvió de escolta a Mella en México, ocupando con el general Ferrer, en la calle Bolívar del Centro Histórico de la ciudad, el mismo piso que el héroe y su esposa Oliva Zaldívar y que protegería a Mella, a fines de 1928, del primer atentado en su contra en México.

En la patria de Benito Juárez se fundó el Partido Revolucionario de Venezuela (PRV) del que Mella fue miembro junto a los muralistas y revolucionarios mexicanos David Alfaro Ziqueiros y Diego Rivera, y a cuya ala militar pertenecieron Eduardo Machado, Carlos Aponte y Bartolomé Ferrer. A ellos acompañó Mella en 1927 a entrevistarse con el general Álvaro Obregón, con el fin de obtener recursos para una expedición contra el dictador Juan Vicente Gómez en Venezuela. Sólo se separó Aponte de Mella para cumplir con su sueño de combatir al imperialismo yanqui en Nicaragua. Allí alcanzó el grado de coronel en el estado mayor del general Augusto César Sandino, fue veterano de más de 15 combates, y Jefe de Columna. Ante sus compañeros de armas, presumía sólo de una cosa, su cubanía:

 “Nunca he olvidado que mi orientación política se forjó en Cuba y para mí ha sido un honor hacerlo saber donde quiera que he estado. Por eso, cuando fui a Nicaragua, a pelear con Sandino, aunque soy venezolano, no dejé de vanagloriarme con la representación de la Juventud Antiimperialista de Cuba, que ostenté en las filas del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua. Y por esa misma razón, proclamo el derecho de que se me considere cubano también.”

«Nunca he olvidado que mi orientación política se forjó en Cuba y para mí ha sido un honor hacerlo saber donde quiera que he estado. Por eso, cuando fui a Nicaragua, a pelear con Sandino, aunque soy venezolano, no dejé de vanagloriarme con la representación de la Juventud Antiimperialista de Cuba, que ostenté en las filas del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua. Y por esa misma razón, proclamo el derecho de que se me considere cubano también»

Carlos Aponte

Tras intentar infructuosamente insurreccionar su país, regresó a Cuba. Las calles de La Habana serían testigo en 1934 de su ímpetu y fidelidad a la Revolución Latinoamericana. Conoció que visitaba la ciudad de La Habana el también venezolano Rafael Simón Urbina, quien públicamente había ofendido de palabra, la sagrada memoria del paladín del antiimperialismo Augusto César Sandino, y al revolucionario venezolano Gustavo Machado. Aponte lo sacó del hotel donde se hospedaba, y a tiros se batió con el blasfemo y sus dos escoltas en pleno día y en la vía pública, dejándolo gravemente herido.

«Conoció que visitaba la ciudad de La Habana el también venezolano Rafael Simón Urbina, quien públicamente había ofendido de palabra, la sagrada memoria del paladín del antiimperialismo Augusto César Sandino, y al revolucionario venezolano Gustavo Machado. Aponte lo sacó del hotel donde se hospedaba, y a tiros se batió con el blasfemo y sus dos escoltas en pleno día y en la vía pública, dejándolo gravemente herido»

René González Barrios

Después de aquel acto de audacia, el presidente Carlos Mendieta lo envió a la cárcel, de donde fue rescatado por el líder revolucionario Antonio Guiteras, el más antimperialista de los hombres de su tiempo, a cuyo lado caería acribillado a balazos, el 8 de mayo de 1935 en el Morrillo, provincia de Matanzas, cuando esperaban la nave que los conduciría a México, desde donde prepararían la expedición que los llevaría a la Sierra Maestra, en el Oriente cubano, para comenzar la guerra por la verdadera independencia.

De la estirpe de Aponte, el revolucionario que jamás claudicó ante el imperialismo yanqui, son los venezolanos, hijos humildes de la patria de Bolívar y Chávez, que junto a nuestros 32 héroes cayeron defendiendo el honor de Venezuela y de América el pasado 3 de enero.

«De la estirpe de Aponte, el revolucionario que jamás claudicó ante el imperialismo yanqui, son los venezolanos, hijos humildes de la patria de Bolívar y Chávez, que junto a nuestros 32 héroes cayeron defendiendo el honor de Venezuela y de América el pasado 3 de enero»

René González Barrios
Carlos Aponte

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