27 de junio de 1969 – Asesinan a Emilio Jáuregui, periodista y revolucionario

Hace 50 años la dictadura de Onganía asesinaba el periodista y Secretario General de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa y militante de Vanguardia Comunista, Emilio Jáuregui.

por Francisco Tur y Resumen Latinoamericano. Tomado de Resumen Latinoamericano

El 27 de junio de 1969, hace 50 años, Emilio Mariano Jáuregui fue asesinado por la Policía Federal de la dictadura de Juan Carlos Onganía, cuando participaba de una manifestación en repudio a la presencia de Nelson Rockefeller en la Argentina.

Jauregui había sido cronista del diario La Nación, formaba parte del Sindicato de Prensa de Buenos Aires, era secretario general de la FATPREN, la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa, y militante de la organización Vanguardia Comunista.

Tenía 29 años cuando lo asesinaron. La versión oficial fue que se trató de un “enfrentamiento”, sin embargo fue baleado deliberadabente desde un patrullero

Luego de ser asesinado se convirtió en símbolo del gremio de prensa. «Medio siglo después, no lo olvidamos y levantamos sus banderas», expresaron desde los gremios de prensa Sipreba y Fatpren que este jueves le rindieron un sentido homenaje, del que informamos en otra nota.

Un video histórico donde los directores de cine Nemesio Juárez, Gerardo Vallejos, Octavio Gettino recuerdan a Jáuregui y en el que se puede escuchar y ver a Eduardo Jozami pronunciando un discurso memorable el día del entierro del compañero asesinado por las balas policiales.

Video de la visita de Nelson Rockefeller a la Argentina en junio de 1969.

Emilio Jáuregui, periodista y revolucionario

por Francisco Tur (escrito en el 30 aniversario del asesinato de Jáuregui)

La muerte de Emilio Jáuregui a manos de la policía de Juan Carlos Onganía se produjo hace treinta años, el 27 de junio de 1969, en la calle Anchorena, a pocos metros de Tucumán.

Emilio Jáuregui había trabajado como cronista en el diario La Nación entre julio de 1960 y diciembre de 1962. Es decir, hasta que decidió afiliarse al Sindicato de Prensa en el que, después de varias discusiones políticas y divisiones, fue elegido secretario general. En 1966, Onganía intervino el sindicato.

El ingeniero Emilio Mariano Jáuregui, un profesional distinguido, fue designado en 1956 Consejero Económico en Francia. La familia se trasladó a París y Emilio, que entonces era un adolescente inquieto, divertido y apasionado, cursó Ciencias Políticas en la Sorbonne. Sartre y Camus lo deslumbraron. Volvió a Buenos Aires por algunos meses, instalándose en la casa de su abuela materna, hermana de Federico Pinedo.

En ese momento ya podría definírselo como un hombre de pensamiento, un intelectual apasionado que trataba de comprender a los filósofos. Nunca aceptó la mentalidad de su medio ni la indiferencia ante los graves problemas sociales de la mayoría. Para sus amigos de siempre era enriquecedor almorzar o comer en lo de Jáuregui porque era allí donde se daban duelos verbales e ideológicos entre sus padres y él, en los que nosotros podíamos intervenir como invitados.

La inolvidable hospitalidad de aquella casa a la que concurrían personas tan diferentes como Eduardo Mallea y Manuel Mujica Láinez deparaba un clima nada fácil de describir: cuando nos quedábamos solos los amigos, hablábamos de política, de literatura y escuchábamos fantásticas grabaciones que habían traído los Jáuregui de Europa. Para las noches de tormenta, siempre elegíamos a Wagner, alentados por Julita, la madre de Emilio.

Estos treinta años pasaron demasiado rápido, desde aquel 27 de junio de 1969, en el que Emilio decidió encabezar la manifestación de repudio a la visita que Nelson Rockefeller, gobernador del estado de Nueva York, realizaba a Buenos Aires como enviado de Richard Nixon en una gira latinoamericana. La marcha fue apoyada por todos los partidos políticos; el radicalismo, el peronismo, los partidos de izquierda. La concentración mayor tuvo lugar en plaza Once y, desde allí, Emilio, junto a un grupo, decidió bajar a la avenida 9 de Julio.

La policía reprimía y los manifestantes corrían; un patrullero persiguió a Emilio y le cruzaron el auto en Tucumán y Anchorena, abrieron fuego y lo mataron. Fue el único muerto y dos medios de entonces contradijeron la previsible versión oficial de que estaba armado: el diario La Prensa y la revista Primera Plana.

Emilio Jáuregui ya era entonces el hombre que aprende y crece, el hombre que no acepta ser cómplice de una violencia de guante blanco. Estaba tan íntimamente convencido de lo que quería hacer de su vida, que pocos días antes de su muerte había abandonado la casa de sus padres –un piso sobre la plaza Vicente López (que dicho sea de paso era del tatarabuelo de su madre)– para trasladarse con su mujer y su hija de pocos meses a un departamento de un solo ambiente. Esto era lo que su situación económica le permitía afrontar y consideraba que no tenía derecho a llevar otro tipo de vida.

Pocos días antes de su muerte, el 29 de mayo de 1969, Córdoba se levantó contra la autodenominada “Revolución Argentina”; entonces fue el Cordobazo, es decir, el comienzo del fin de aquel oscuro período.

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