Rusia exige a EE. UU. liberar a Nicolás Maduro y apoya a Venezuela
El canciller Serguéi Lavrov expresó «firme solidaridad» con el pueblo venezolano en conversación telefónica con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, y demandó resolver la crisis mediante el diálogo.
CAPAC – fuente teleSUR
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia instó este sábado a Estados Unidos a liberar al presidente legítimamente elegido de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, tras confirmar su presencia en territorio estadounidense luego del ataque militar contra el país caribeño en las primeras horas del día.
«En relación con la información confirmada sobre la presencia del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa en EEUU, hacemos un enérgico llamado al liderazgo estadounidense a reconsiderar esta postura y liberar al presidente legítimamente electo de este país soberano y a su esposa», señala el comunicado emitido por la Cancillería rusa.
El pronunciamiento de Moscú subraya «la necesidad de crear condiciones para resolver cualquier problema existente entre EEUU y Venezuela mediante el diálogo«, reiterando la posición histórica de Rusia respecto a la solución pacífica de controversias y el respeto a la soberanía nacional de los Estados.
La declaración rusa constituye la primera confirmación oficial por parte de un gobierno extranjero sobre el paradero del mandatario venezolano y la primera dama, cuya ubicación había permanecido desconocida desde que la vicepresidenta de Venezuela denunció la agresión militar estadounidense contra la capital y los estados Aragua, Miranda y La Guaira.
Lavrov ratifica respaldo
El 3 de enero, el canciller ruso Serguéi Lavrov sostuvo una conversación telefónica con la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez Gómez, en la que expresó la «firme solidaridad» de Moscú con el pueblo venezolano frente a la agresión armada.
Lavrov ratificó que Rusia continuará respaldando el rumbo del gobierno bolivariano, orientado a proteger los intereses nacionales y la soberanía del país. Ambos funcionarios coincidieron en la necesidad imperiosa de evitar una mayor escalada militar y encontrar una solución a la crisis mediante el diálogo político.
Durante el intercambio, las partes manifestaron su disposición mutua de seguir fortaleciendo la asociación estratégica integral entre Rusia y Venezuela, vínculo que abarca cooperación militar, energética, económica y diplomática, consolidado durante la última década como contrapeso a las sanciones occidentales y el aislamiento impuesto por Washington.
La intervención diplomática del Kremlin añade una dimensión geopolítica de mayor envergadura a la crisis hemisférica. Rusia mantiene estrechas relaciones estratégicas con Venezuela, incluyendo venta de armamento, cooperación en el sector petrolero y respaldo financiero, lo que convierte a Moscú en un actor relevante en cualquier escalada que involucre al gobierno de Caracas.
El énfasis ruso en la legitimidad electoral de Maduro representa un desafío directo a la narrativa de Washington, que ha cuestionado sistemáticamente los procesos electorales venezolanos y mantiene acusaciones de narcotráfico contra el mandatario, ofreciendo una recompensa millonaria por su captura.
La postura de Moscú consolida su papel como contrapeso a la influencia estadounidense en América Latina, región que históricamente Washington ha considerado dentro de su esfera de influencia según la Doctrina Monroe. El llamado al diálogo del Kremlin contrasta abiertamente con la vía militar emprendida por la administración Trump.
Rechazo internacional se amplifica
La exigencia rusa se suma a una creciente ola de condena internacional contra la intervención militar estadounidense. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó los bombardeos como una «afrenta gravísima a la soberanía» venezolana y advirtió que atacar países constituye el primer paso hacia un mundo donde prevalece «la ley del más fuerte» sobre el multilateralismo.
México condenó enérgicamente las acciones militares como una violación flagrante del artículo 2 de la Carta de la ONU, enfatizando que América Latina y el Caribe constituye una zona de paz donde debe primar el respeto mutuo y la solución pacífica de controversias.
La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad (REDH) calificó el operativo como un «crimen contra la paz» y una amenaza existencial para la soberanía de todos los pueblos, mientras que desde Estados Unidos, la organización Answer Coalition rechazó la intervención, argumentando que la guerra busca «robar el petróleo de Venezuela y dominar América Latina«.
La vicepresidenta venezolana denunció que la agresión causó víctimas civiles y activó la defensa integral de la nación, mientras el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) fueron instruidos para proteger el territorio nacional. Caracas exigió al gobierno de Donald Trump prueba de vida inmediata del mandatario y la primera dama.
El canciller venezolano Yván Gil mantuvo contactos diplomáticos con sus pares de Brasil y otros países, buscando articular una respuesta regional ante lo que Caracas califica como una guerra colonial destinada a usurpar los recursos estratégicos del país y aniquilar su independencia política.

