La vengadora del “Che”

1 de abril de 1971, Monika Ertl ejecutó a Roberto Quintanilla en Hamburgo, el oficial boliviano responsable de la ejecución del Che y de cortar sus manos para su identificación. Ella le disparó tres veces en el pecho. Al huir dejó un bolso, una peluca, un revólver y una nota: “Victoria o Muerte – ELN”.

CAPAC – fuente Livertá

Monika Ertl y el Che Guevara

Una joven entra a la sala. Se presenta en recepción, buscar un lugar y toma asiento. Su mirada va siguiendo los cuadros que decoran las paredes y se detiene en uno que especialmente acapara su atención. Es el rostro del ahora cónsul boliviano Roberto Quintanilla, la persona a la que viene a buscar. Son las 9:40 de la mañana del 1º de abril de 1971 y se acababa de presentar como una mujer australiana que, días atrás, había solicitado una entrevista. Tras unos minutos de espera, la puerta se abre. Ella sonríe amablemente, acomoda su falda y se pone de pie.

Veintiún años atrás, esa misma joven arribaba a Bolivia. Lo hacía de la mano de su padre, Hans Ertl, cuando miembros del régimen nazi escapaban tras la Segunda Guerra Mundial. Allí, Monika Ertl pasó su infancia junto a Hans y sus allegados, entre ellos, un exjefe de la Gestapo. Con el paso de los años, fue buscando sus propios caminos, lejos de la gente que la vio crecer y los ideales inculcados.

Para octubre de 1967, una noticia que alegraba a quienes la rodeaban sacudió el mundo cambiando por completo su vida: habían asesinado a Ernesto Guevara. A partir de ese momento, lo que en un comienzo eran ideas con las cuales podía simpatizar ahora se transformaba en el despertar de un sueño combativo y revolucionario.

Un día, Monika partió de su hogar. Fue a sumarse a la guerrilla del ELN y eligió Imilla como su nuevo nombre. En aquellos tiempos, circulaba la información de que el coronel Roberto Quintanilla mandaba a cortar las manos del Che Guevara para su identificación. Ese mismo hombre que había ordenado su asesinato ahora sumaba otro motivo para estar en la mira.

Durante los cuatro años que pasó en la guerrilla boliviana, Monika escribió una vez a su padre avisando: «No se preocupen por mí… estoy bien”. De ahí en más, poco se volvería a escuchar sobre ella. Para 1971, cruzó las aguas del Atlántico y llegó a Hamburgo, Alemania. Sabiendo que el Gobierno de Bolivia había decidido preservar la vida de Quintanilla alejándolo de su tierra, Monika decidió comunicarse a su oficina solicitando una entrevista.

Cuando el cónsul abre la puerta, se encuentra con una mujer rubia, con anteojos y de presencia elegante. Sin embargo, no tendría tiempo de observar mucho más ni de decir demasiadas palabras. En ese instante, la joven saca su revólver y, de un segundo al otro, le dispara tres balas. Las suficientes para matarlo. Inmediatamente, sale de la oficina dejando en el piso su peluca rubia, sus anteojos, el revólver y un papel que dice «Victoria o muerte. ELN». Tras cumplir su objetivo, comenzaría una cacería para dar con ella, tanto de las autoridades bolivianas como de la CIA.

De aquí en más, los datos que se conocen son difusos. Lo cierto es que, un 12 de mayo de 1973, fue emboscada, asesinada en Bolivia y su cuerpo desaparecido. Sus tres balas más importantes ya las había disparado.

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