Enfrentar la barbarie trumpista en la Argentina de Milei
Las derechas festejan “el triunfo” del modelo. Se impone entonces definir cuáles son los criterios políticos de triunfo o derrota. Los modelos económicos son la sustancia del proyecto político integral, incluyendo el experimento de Milei y Caputo
CAPAC – por Juan Carlos Junio (*)
Las derechas festejan “el triunfo” del modelo. Se impone entonces definir cuáles son los criterios políticos de triunfo o derrota. Los modelos económicos son la sustancia del proyecto político integral, incluyendo el experimento de Milei y Caputo, cuya impronta principal es una financiarización que inficiona toda la economía; endeudamiento crónico con remate de bienes y riquezas naturales a favor de corporaciones compradoras de yacimientos mineros y petróleo a precios de saldo, junto a un ajuste implacable a las mayorías de trabajadores/as y clases medias. Se trata de un thatcherismo, impregnado de un supuesto dogma austríaco, que nadie sabe de qué se trataría ya que nunca se aplicó en ningún país capitalista.
El proyecto de las oligarquías de los 80s del siglo XIX definía su modelo como esencialmente agroexportador de carne y granos, e importador de bienes manufacturados. Esas clases aristocráticas se fueron apropiando de vastísimas extensiones de tierra mediante negociados y grandes premios a los “triunfadores” de las Campañas del Desierto; sin trepidar en el genocidio a los pueblos originarios, ya que la “civilización” justificaba todo.
Por entonces, la hegemonía era ejercida por aquella “oligarquía con olor a bosta” (D. F. Sarmiento), que tenía clara conciencia de que refundaba el país parido por nuestros Patriotas de Mayo, quienes asumieron el reto temerario de hacer una revolución de independencia nacional, anticolonial y latinoamericanista, sosteniendo una larga y cruenta guerra continental sustentada en una unión de pueblos y ejércitos que concluyó con el triunfo de Ayacucho en 1824.
Aquellos liberales de fines del siglo XIX; desde la conciencia de hacedores de su clase, concibieron y ejecutaron un proyecto de país que requería imperiosamente el despliegue de la educación pública (1864), estatización del registro civil (1884), y expansión de ferrocarriles integrando el territorio, con el propósito de que la producción sea conducida hacia el Puerto de Buenos Aires para ser exportada.
Desde esa convicción nació la Ley 1420 que se transformó en una bisagra epocal, ya que amplió la instrucción a vastísimos núcleos sociales, incluyendo la salida del analfabetismo que por entonces era mayoritario. La universidad, hija del movimiento revolucionario reformista del 18, que se propagó por todo el continente, fue otro hito decisivo.
El huracán de la juventud cordobesa liquidó el arcaico sistema conservador- clerical, posibilitando el ingreso de otros emergentes sociales. El modelo de educación pública, se consolidó durante el primer peronismo con la consagración del principio de gratuidad en 1949, junto a los avances en derechos económicos y sociales. Ya consolidado este dispositivo político – cultural se generó una potente expansión de la economía, con una profunda distribución del ingreso a favor de las mayorías y un protagonismo político del creciente mundo de los trabajadores/as.
La actual derecha, hegemonizada por una ultraderecha que se declara refundacional, se manifiesta enemiga de la Ley 1420, de todo lo público, proyectando abiertamente la destrucción del Estado en un sentido orgánico general, incluyendo las vitales prestaciones en materia de salud, educación, servicios sociales, particularmente las jubilaciones, y una política extrema de retiro de subsidios a los servicios públicos, lo cual implica tarifazos ya insoportables e impagables de la luz, el gas, las garrafas y el transporte.
El triunfo parlamentario de la derecha del 26 de diciembre, que contó con el apoyo de proístas, supuestamente liberales; radicales, supuestamente reformistas y de algunos “peronistas” supuestamente peronistas; implica un mazazo a la educación pública, o sea, a todo sentido de progreso y democratización de la vida del pueblo y el crecimiento de la nación.
Cierto es que fracasaron en su decisión de vaciar el presupuesto para discapacidad, y en tópicos a las universidades, por la derrota que sufrió el Presidente en la Cámara de Diputados el jueves anterior. Ante esta circunstancia adversa, el verdadero poder económico del FMI, Wall Street, la gran burguesía local y sus medios de comunicación, le exigieron al Presidente que acuerde con todo el espectro político de las derechas, incluyendo a los “amigables”, quienes por lo bajo dicen “no tener más remedio”.
El establishment reclamaba que se vote ese presupuesto de ajuste perpetuo y venta del patrimonio público, para legitimar por enésima vez la refinanciación de la deuda generada por Macri y Milei.
Este proyecto político y su experimento de modelo económico es el que celebran, soslayando que se conduzca al país a tiempos pre liberales, pre Ley 1420, y esencialmente pre peronista del 45, del 73, y del kirchnerismo. Pero además, estas derechas políticas y culturales celebran la avanzada neofascista del trumpismo.
Los conglomerados comunicacionales titulan con euforia la “captura” del presidente constitucional de un país, mientras los democratistas, que se horrorizan por el chavismo bolivariano, guardan silencio y se allanan ante el intervencionismo de un déspota del poder capitalista en pleno declive histórico, quien proclama la liquidación de facto de la democracia, el uso arbitrario de la fuerza militar y la agonía del derecho internacional.
Celebran a Mr. Trump y su monroísmo imperialista hacia nuestro continente, doctrina modernizada por el “corolario Trump” y sus misiles, helicópteros infernales y “extracciones quirúrgicas”, cuyo verdadero afán es robar los yacimientos y reservas petroleras más grandes del planeta. En otros países será el litio, los ahora críticos minerales raros, el cobre, el agua o los alimentos.
La situación del hermano pueblo venezolano y de todo el continente es tan grave, que no hay lugar para “neutralismos prudentes”, ni volver a políticas de “apaciguamiento”, proclamados por el ministro inglés, N. Chamberlain para “tranquilizar” a A. Hitler. Con la salvedad del oprobio de la incondicionalidad de Milei, la mayoría del continente repudió la operación criminal y ante la amenaza de Trump de que “algo hay que hacer con México”, su digna Presidenta, le contestó que la soberanía no se negocia y solo los pueblos deciden su futuro.
Resulta valorable la interpelación de Adolfo P. Esquivel a los pueblos del continente convocando a jornadas de “conciencia rebelde” y a unirse más que nunca, afirmando un espíritu político latinoamericanista, popular y progresista para enfrentar a la barbarie.
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(*) Secretario General del Partido Solidario. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

