Doctrina Monroe 2.0: el corolario Trump

A dos siglos de su proclamación en 1823, una versión más agresiva de la Doctrina Monroe define al continente americano como objetivo principal de la estrategia global de dominación de Estados Unidos.

CAPAC.- por Por Frank González tomado de Prensa Latina

En un mensaje anual al Congreso, el quinto presidente estadounidense, James Monroe (1817-1825), expuso las ideas por las cuales su país consideraba una amenaza “para nuestra paz y seguridad”, cualquier injerencia de las potencias europeas en el hemisferio occidental.

El entonces Secretario de Estado, John Quincy Adams, acuñó el concepto Doctrina Monroe (DM) y la frase “América para los Americanos”, con la cual resumió las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos en su entorno geográfico.

En 1904, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909), modificó la DM con un corolario que otorgó a Washington la posibilidad de “ejercer un poder policial internacional” e intervenir en cualquier país de la región donde se produjera “una pérdida general de los lazos de una sociedad civilizada”.

Inspirado en su versión de la DM, Roosevelt puso en práctica la política del Gran Garrote y la Diplomacia de las Cañoneras, con las cuales reafirmó la primacía de Estados Unidos en lo que considera su “patio trasero”.

Desde entonces, Washington realizó decenas de intervenciones, abiertas o encubiertas, en una veintena de países de América Latina y el Caribe (ALC), con diferentes modalidades y objetivos, incluida la expansión territorial santificada por la doctrina del Destino Manifiesto.

A punto de cumplir el primer año de su segundo mandato, Donald Trump retoma la DM en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025, la cual presentó como una ruta crítica para asegurar que Estados Unidos siga siendo “la mayor y más exitosa nación en la historia de la humanidad”.

Un aspecto central de la ESN es la intención de Estados Unidos de controlar los recursos estratégicos del continente, para lo cual está dispuesto a utilizar las opciones de fuerza a su alcance, incluso la acción militar, como hizo en Venezuela para apoderarse de su petróleo y otros recursos naturales.

La región concentra más de una cuarta parte de las reservas mundiales de minerales metálicos importantes. Posee el 19 por ciento de las reservas de petróleo, el 4,3 por ciento de las de gas natural y el 11,8 de la energía primaria renovable, según un informe de la Comisión para América Latina y el Caribe publicado en 2023.

Cuenta también con el 31 por ciento de la superficie de pesca marina y el 32 por ciento de los recursos renovables de agua dulce. Dispone, además, del 16 por ciento del suelo y el 15 por ciento de la tierra agrícola del planeta, con el 23 por ciento de la superficie boscosa.

En el más puro lenguaje imperial y recolonizador, la ESN advierte que “negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio”.

Aunque el documento de 33 páginas no identifica por su nombre a contendientes, resulta evidente se refiere a potencias rivales en el juego geopolítico global, especialmente China, considerada por sucesivas administraciones estadounidenses como “el enemigo”.

En las últimas décadas, el gigante asiático incrementó su presencia en la región a través del comercio, las inversiones, las finanzas y la construcción de infraestructuras, a tono con su crecimiento sostenido como potencia mundial en todos los órdenes.

La relación entre ALC y China ganó en madurez y complejidad desde finales de la década de 1990, señaló Cepal en un estudio divulgado en mayo de este año como contribución al Tercer Foro Ministerial China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

El comercio bilateral de bienes aumentó del 1,7 por ciento del total, en 2000, al 17 por ciento en 2023 y desde 2019 el gigante asiático es el segundo socio comercial de la región, superado sólo por Estados Unidos, aunque el intercambio comercial con ese país descendió, del 54 por ciento del total en 2000, al 37 por ciento en 2023.

Otras estadísticas citadas por Cepal sitúan en 1912 millones de dólares el promedio anual de inversión directa china en ALC entre 2010 y 2023, mientras la nación asiática desembolsó 129,057 millones de dólares en 294 proyectos de infraestructura entre 2005 y 2024 y otorgó 133 créditos por valor de 120 000 millones de dólares entre 2005 y 2023.

Contrario a la política norteamericana, el gigante asiático promueve relaciones de cooperación, en el contexto Sur-Sur, “para construir de la mano la comunidad de futuro compartido”, como expresa el tercer Documento sobre política de China hacia América Latina y el Caribe, publicado unos días después de la ESN.

Beijing propone avanzar en la cooperación integral, basada en los principios de igualdad, beneficio recíproco y desarrollo conjunto, declarados en el primer Documento, en 2008.

Los postulados de la Doctrina Monroe 2.0 reflejan la esencia hegemónica expresada en sus versiones anteriores, aunque el contexto actual es muy diferente.

Estados Unidos dejó de ser la potencia imperialista pujante de los dos siglos precedentes y ante nuevos desafíos a su poder imperial, reacciona con la aplicación de la ley del más fuerte en las relaciones internacionales, en lo que expertos y analistas interpretan como una muestra de debilidad más que de fuerza.

Deja una respuesta